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miércoles, 14 de diciembre de 2011

Cara descubierta, de Sidney Sheldon.


Título original: The nacked Face.
Año: 1972.
Editorial: Emecé.


Un psicoanalísta, Judd Stevens, hombre solitario y compasivo, se enfrenta a la muerte de un paciente y a la de su recepcionista sin tener idea del porqué. A lo largo de la novela a el también lo quieren asesinar. Cuenta con la ayuda de dos policias uno de ellos resentido con él porque manda al "manicomio" a la presona que mata a su pareja: Mc. Greawy y Angeli. Sus amigos el Dr. Peter Hadley y su esposa Norah también lo ayudan en lo que pueden. Contrata a un detective, quien le da una pista de quien quiere asesinarlo. El final realmente es sorprendente.


Desde que hace unos diez años, Natalia y yo comenzamos a leer a Sidney Sheldon, nos la hemos ingeniado para tener siempre algún libro del señor pendiente de lectura. Es por eso que en los últimos días del desafío 10 Misteriosos, decidí leer "Cara descubierta", la primer novela escrita por Sheldon en 1969.
La historia se centra en Judd Stevens, un psicoanalista de vida tranquila quien de repente se encuentra en medio de una serie de asesinatos brutales que tendrá que intentar resolver para salvar la vida.
A medida que avanza la historia, que no alcanza a las doscientas páginas, vamos conociendo más al protagonista y a las personas que lo rodean, sabiendo qué lazos los unían e intentando encontrar la clave para saber quién está detrás de los asesinatos. Y digo "intentar" porque si hay algo que caracteriza a las novelas de Sheldon es que es difícil suponer quién es el asesino y qué motivos tiene para actuar como lo hace. Una termina sospechando de todo el mundo y, aunque puede hacerse una idea de lo que ocurre, no será hasta el final que sus sospechas se confirmen o se lleve una gran sorpresa.
Como dije, esta es una novela breve y es además la primera, por lo que encontré cosas que un poco me chirriaron. Por ejemplo, el ritmo de la novela es ágil y no da tregua, pero quizás pensando en este detalle es que Sheldon pasó por alto algunas cositas como indagar más en las emociones o en la psique de los personajes. Es fácil verlos correr de un lado a otro tomando decisiones, pero hubo momentos en que deseé que se detuviera un poco y ahondara más, que me diera más misterio, más tensión. 
También algunos asesinatos me parecieron bastante cliché, pero teniendo en cuenta la época vale preguntarse quién fue primero, Sheldon o Hollywood. Noté que al momento de describir un asesinato pareciera dar una lista y no hacernos "ver", "vivir" el asesinato, por más morboso que eso les pueda sonar. La verdad es que eso logró que no me estremeciera la brutalidad de las muertes, no me hacían sentirlo por el personaje tan siquiera.
Otra cosa que no me gustó nada, pero me remite a reiterar el asunto de la época en que fue escrita la novela, es el continuo hincapié que se hace en que la homosexualidad es una enfermedad que debe ser curada y no una elección. Me pareció que el autor tomaba demasiado partido por esto y me chocó mucho.
Claro que se ve que con el tiempo esta idea cambió en la mente del autor ya que en "Lazos de sangre" recuerdo un par de capítulos con bastante contenido lésbico -o lo mismo me equivoco y se incluyó sólo por la idea erótica que algunas personas pueden tener de la homosexualidad.
La última cosa que no me gustó nada tiene que ver con la traducción. Es evidente que el libro fue traducido en Argentina y continuamente nos encontramos con expresiones típicas del Río de la Plata que, dichas por nosotros suenan naturales, pero leídas acá le dan un aire forzado, sobre todo a los diálogos. Les dejo un par de ejemplos:

   Mientras Carol observaba aquel cuarto decorado con tanto gusto pensaba: ¡Carol, mi hijita! ¡Te has sacado la grande! Este tipo está buscando un pedazo de carnada negra. Y vos sos la nena que se lo va a proporcionar.
Capítulo 2.


-¿Estas bién, Judd? – dijo con voz muy preocupada. 

Judd ensayó una sonrisa y no tuvo éxito. 

-Regio – dijo. Apenas podía oir su propia voz.


Capítulo 17.

Ojo, no descarto que esto me suene mal sólo a mí de puro detallista histérica que soy. Es sólo que me parece que en el tema de traducciones hay que ser más neutros, no caer en regionalismos. El "regio" ("muy bien") de ese último ejemplo me hace pensar en personajes de acá y no en un psicoanalista que está corriendo contra todos intentando salvarse. Algo similar me ocurre cuando en libros traducidos en España me encuentro expresiones típicas de allá. Por otro lado, estoy segura que la escritura correcta en el primer ejemplo sería "m' hijita", como lo vemos en autores latinoamericanos.

"Cara descubierta" fue la primera novela del autor y se nota. De todos modos, se puede disfrutar, si se la lee sin muchas pretensiones, y puede dejar una buena impresión en el lector, como ocurre con otras de sus novelas.

Como la biografía de Sidney Sheldon ya la hemos compartido anteriormente, les dejo una entrevista en la que se le da "bastante palo", como decimos por acá:

SIDNEY SHELDON, EL MAYOR FABRICANTE DE BEST SELLERS. 




“Intento escribir libros que el lector no pueda abandonar” 

En esta conversación realizada meses antes de su muerte, Sidney Sheldon reveló algunos de sus secretos para escribir libros que deberán leer millones de personas en todo el mundo. La cantidad de libros vendidos no habla de la calidad de la obra, asegura el escritor a María Esther Gilio, poco convencida de los méritos literarios de la obra de Sheldon.

Sidney Sheldon podría servir para ilustrar a ese norteamericano que casi todos tenemos archivado en algún lugar de la memoria. Es alto, de piel fina y sonrosada. Su rostro es una especie de pantalla donde el color es espejo de sus estados de ánimo. Su piel se torna rojiza si ríe, si se sorprende o si se fastidia. Con el ceño fruncido pregunta de pronto a la traductora: “¿Qué pasa, a ella no le gustan mis libros?”, el color se hace ligeramente más profundo. Pero nada de esto dura mucho. Sus palabras están constantemente subrayadas por amplias sonrisas de grandes dientes blancos y parejos.

Su mujer, también rubia, también alta, también típicamente norteamericana, lo acompaña. Sirve refrescos, ofrece bombones, va, viene, mira la plaza a través de los cristales y atiende sin distraerse a lo más importante: la conversación. Una pregunta que no transparente la admiración por el entrevistado que ella espera la aleja por unos instantes de su función de ama de casa interesada en el bienestar de las visitas. La mano que volcaba naranjada en el vaso se detiene en el aire, toda su atención se concentra en el diálogo.

–Tomé su libro Si hubiera un mañana y leí: “Doris Whitney se desvistió lentamente y eligió un camisón de color rojo intenso para que luego no se notara la sangre”. Terminé la frase y dejé el libro a un costado. No quería hacer lo único que usted pretendía que el lector hiciera: devorar las frases siguientes. Al mismo tiempo no podía dejar de admirar su capacidad de síntesis. Se trataba de una mujer que esa noche moriría. Pero no de cualquier manera sino de manera violenta. Y eran tan… digamos delicada, que quería evitar que los que encontraran su cuerpo se sintieran chocados por las manchas de su sangre sobre una tela clara. Esa frase era para que nadie escapara. Deliberada para que nadie escape, ¿o usted dice que no?

–Yo digo que es absolutamente deliberada para que nadie escape.

–Ah, bueno y ¿qué finalidad tiene?

–Es parte de una técnica que me enseñó la televisión. La imagen debe atrapar. Si no atrapa, el espectador cambia de canal. Yo intento escribir libros que el lector no pueda abandonar.

–No muchos escritores pueden decir eso.

–Yo puedo.

–Claro que puede. Sus libros se venden por millones.

–Han sido traducidos a treinta idiomas. Hasta los chinos me leen.

–¿Por qué cree que lo leen? ¿Por la anécdota?

–Uno puede hacer la historia más maravillosa del mundo sin hacer personajes, yo hago personajes.

–¿Sí? ¿Usted piensa eso? ¿Cuándo un personaje es real, cuándo es veraz, según usted?

–Había una historia en que un niño moría. Recibí cientos de cartas. La gente no quería que aquel niño muriera. Era un niño real.

–Pienso en Tracy, la protagonista de Si hubiera un mañana, ¿qué tiene Tracy de real? Comienza siendo una jovencita inocente que por una experiencia más o menos dura se transforma en una supermujer. Pero no sabemos ni cómo ni por qué.

–El destino cambia, hace de ella una persona diferente. Los personajes de mis libros cambian como cambiamos nosotros en la vida. Nos pasa a todos.

–Sí, la vida nos cambia. Lo que yo resiento en usted es que nunca muestra cómo se produce interiormente ese cambio. Usted parece decir: “ése no es mi problema”.

–Bueno… lo que a mí me importa es que hubo un cambio.

–Se me ocurre que cuando usted comienza un libro se lanza a sí mismo un único desafío: “El que comience este libro no podrá abandonarlo hasta el final”. ¿Es así?

–No, no es así. Mi principal meta es dar a la gente un poco de felicidad, hacerle olvidar sus problemas. Un día recibí de una chica de 19 años, enferma del corazón, una chica que no quería vivir, una carta donde decía que mi libro le había resultado tan entretenido que había olvidado su enfermedad y se había calmado, lo cual era fundamental para su recuperación.

–Es decir que el libro escrito por usted le permitió evadirse de su realidad.

–Sí, mis libros son de evasión.

–Veo que esa palabra no lo asusta nada.

–No, no me asusta nada.

La mujer se había sentado cerca, como si fuera espectadora en un partido de tenis, movía la cabeza, de la traductora a él, de él a la traductora, de la traductora a mí y así sucesivamente. Parecía estar pensando: “Esto no marcha. Aquí no se está hablando de lo que realmente importa”. Dijo: “El hace por las mujeres más que todos los movimientos feministas. Sus mujeres son siempre exitosas”.

–Sí –confirmó él–, mis mujeres son siempre exitosas.

–¿Fueron siempre exitosas las mujeres que conoció de cerca?

–Estoy en contra de ese clisé de la linda tonta.

–Sus mujeres no son tontas, pero siempre son lindas.

–Son femeninas, inteligentes y atractivas. Yo conozco algunas así –dijo mirando a su mujer, que movió la cabeza echando el pelo hacia atrás.

–Aunque conociera miles, no deja de ser un estereotipo.

–Mire, una vez hice un libro con una mujer gorda y fea. Pero se propuso adelgazar y ser bella y lo consiguió.

–Cuando un personaje cuenta con la simpatía y la amistad del autor puede conseguir cualquier cosa.

Rió un rato y luego dijo:

–Ella trabajó para conseguirlo, para transformarse.

–Es muy lindo verlo reír, ríe con ganas.

–A usted no les gustan mis libros.

Si hubiera un mañana lo leí del principio al fin.

–¿Y?

–Usted sabe que yo debo ser el “abogado del diablo”. ¿Cómo se sentiría si supiera que alguien que lo está leyendo deja su libro en la página veinte?

–Muchos lo dejan en la cinco.

–Su respuesta me sorprende. Yo estaba tan segura de que usted diría: “eso no pasa jamás”…

–¡Oh no! Muchos empiezan un libro y a las pocas páginas lo dejan de lado. Escribir un best seller quiere decir escribir un libro que lean millones de personas, pero no todas, no todo el mundo.

–El que escribe siempre piensa en un lector, ¿en quién piensa usted?

–Yo pienso en mí, escribo para mí.

–Quiere decir que para usted escribir es realmente un disfrute.

–Para mí escribir es la sensación más excitante del mundo. Yo vivo en una casa grande con cancha de tenis, pileta. Mis amigos se divierten y me llaman: “Bajá, vení a jugar”. Yo prefiero seguir escribiendo. Nada me gusta más que escribir. El acto de creación me excita –dijo, y era evidente que no había exageración en eso–. Me sorprenden mis amigos escritores que sólo disfrutan una vez que terminaron el trabajo y sufren mientras lo hacen. Nada me gusta más que escribir. Yo me compenetro con mis personajes, vivo sus aventuras, sus amores, sus angustias. Un día estaba muriendo un personaje y me largué a llorar, no pude seguir. Tuve que pedir a la secretaria que dejáramos de trabajar por ese día.

–Según usted, ¿qué relación hay entre la calidad de un libro y su tirada?

–Ninguna. Hay libros excelentes que nadie lee y libros malísimos que lee todo el mundo.

–¿Cómo se considera como escritor? ¿Cree que será leído dentro de veinte años?

–¡Claro! Las librerías en Estados Unidos no renuevan su stock porque no tienen espacio. Sólo renuevan aquellos libros que salen de inmediato. Mis libros los renuevan porque salen apenas llegados. En este momento soy el autor más leído del mundo.

–¿Más que la Biblia?

–No sé, pero el autor de la Biblia no anda por ahí caminando.

–Así que dentro de veinte años seguirán leyéndolo.

–Dentro de veintiuno no sé, pero dentro de veinte, se lo aseguro.

–Le había preguntado cómo se consideraba como escritor.

–Soy un profesional, puedo escribir un libro cada tres meses. Sin embargo, cuando termino uno paso un año y medio reescribiéndolo. Puedo llegar a hacer doce reescrituras.

–Leyéndolo me pregunto cómo hace para que puedan ocurrir tantas cosas en una sola página, y si ése será uno de los ganchos. Usted en treinta líneas hace que un elefante caiga desde un puente y al caer recoja con la trompa un cofre dentro del cual hay una joven que asoma la cabeza y se enamora del dueño del elefante que grita desde arriba del puente, se casa con él, lo envenena y es coronada emperatriz de una región selvática y desconocida donde conoce un antropólogo norteamericano que le propone matrimonio. Con él se casa.

–Eso acaba de inventarlo.

–¡Claro! Estoy tratando de imitarlo.

–Para una principiante no está mal.

–¿Cuáles son los elementos que definen el best seller?

–Primero los personajes. No importa que sean buenos o malos, deben ser creíbles. Segundo, la historia. La historia es el motor. Por medio de la historia el lector se mete en situaciones y lugares que nunca podría vivir por sí solo. Ya le dije que soy best seller en treinta idiomas. Creo que toco una cuerda muy especial.

–¿Cuál sería esa cuerda?

–Los personajes son reales, son reales para todos. Esa es la cuerda.

Su mujer, que atenta seguía el diálogo, confirmó con la cabeza: “Es así, como él dice. Muchas veces yo sentí lo que sienten sus mujeres”.

–Muchos escritores se ocupan mucho de las palabras, describen minuciosamente y así pierden el interés de la historia. Yo estoy muy atento a lo que pasa y trato de que sea totalmente verosímil. Es decir, que si hablo del FBI pasaré dos horas o tres o cuatro con el jefe del FBI para compenetrarme.

Ella añadió:

–Y si habla de Venecia, allá vamos. Paseamos en góndola, visitamos los mercados, los restaurantes, las callecitas. Cada ciudad que aparece ha sido previamente conocida, palpada. El ha visto cárceles, conocido presos. No le gusta que otros investiguen por él.

–Sin atender a la calidad, ¿qué diferencia encontraría entre su literatura y la de Bradbury o Salinger? Me refiero más bien a la manera de ver el mundo.

–Tenemos psiquis diferentes, emociones diferentes.

–Hay algo que se repite en sus libros, algo de lo que ya hablamos, pero quisiera insistir. Sus personajes, aventureros, ladrones, estafadores, llegan siempre a esa situación luego de una injusticia de la que fueron víctimas. Como si sólo eso los justificara. Para que resulten simpáticos al lector usted los justifica haciéndolos víctimas de algún hecho inicuo que los lleva a algo así como a vengarse de la sociedad. Me parece que usted es un moralista, ¿no?

–Yo soy un moralista. Siempre hay una razón para que alguien actúe mal y si esa razón no existe, esa persona recibirá un castigo.

–Tracy no fue castigada.

–Ella había recibido el castigo antes. Y sólo hace daño al que le había hecho daño.

–Hay otra cosa que me sorprende en sus libros: la falta de erotismo.

La traductora tradujo, él escuchó, su mujer escuchó, pero imposible decir por qué razón todo empezó a entenderse al revés. El comenzó a defenderse diciendo que sus escenas de amor no eran “tan eróticas al fin y al cabo”. Ella confirmó y añadió que él era “delicado y suavemente alusivo”. La traductora, con su gentil sonrisa, insistió en que no era eso lo que se decía sino lo contrario. Durante varios minutos pareció que estábamos en una comedia de equívocos del siglo pasado. “Yo no digo eso”, “Ella lo que dice…”, “Lea de nuevo”, “Mire bien”. La traductora, como un director de coros en medio de un pandemoniun, extendía la mano hacia un lado, buscaba sinónimos y sonreía para quedar seria de inmediato.

–Mire, le traigo ejemplos que en sus libros se repiten permanentemente. La gente, en sus libros, hace el amor como escribe a máquina o maneja autos. Insisto: sin erotismo. Fíjese, aquí en este libro hay una pareja dispuesta a hacer el amor. Se meten en una bañera llena de gelatinas de distintos sabores y “la mujer comenzó a lamerle el cuerpo desde el pecho hasta la entrepierna. ‘Mmmm, tu piel tiene sabores deliciosos, el que más me gusta es la frutilla…” Veamos otros. Hay una pareja de enamorados, ella se sienta en el regazo de él. Y bueno… en unos tres segundos ella está ya en el orgasmo y piensa: “Debo haber muerto y estoy en el paraíso”. ¿Le parece una impertinencia lo que digo? Yo creo que ninguna mujer puede pensar eso en ese momento. Y además creo que tan rápido no hay mujer en el mundo que llegue al paraíso.

A Sidney Sheldon le había costado entender exactamente; cuando finalmente entendió, comenzó a reír. Con lágrimas en los ojos por la risa, dijo: “Le prometo tener en cuenta sus observaciones en mi próximo libro”.

Fuente: 

miércoles, 7 de diciembre de 2011

Deseo criminal, de Ruth Rendell.


Título original: A sight for sore eyes.
Año: 1998; 1999 de esta edición.
Editorial: Grijalbo.


Teddy Brex no conoce el amor. Ha crecido sin un ápice de cariño ni atención en el seno de una familia pobre e ignorante. La única persona con la que llega a hacer migas es su vecino, Alfred Chance, que le enseña a apreciar la belleza. Así Teddy se convierte en una persona cruel y fría; prefiere los objetos a las personas, porque las cosas nunca decepcionan.
La pequeña Francine Hill fue descubierta por su padre al lado del cuerpo muerto de su madre, con la falda manchada de sangre; durante nueve meses fue incapaz de articular palabra. No supo dar pistas a la policía sobre la identidad del asesino. A esta trágica experiencia se suma que la segunda esposa de su padre se propone obsesivamente proteger a Francine de cualquier otro mal.
Tanto Teddy como France han vivido infancias desgraciadas, pero cuando Teddy la ve por primera vez, sabe que la belleza de la chica será el bálsamo que aliviará sus heridas. Y no duda en matar a cualquiera que amenace con separarlos. Pero cuando se ha matado una vez, no resulta difícil volver a hacerlo...


Hace muy poco leí Damas del crimen, un libro que reúne relatos de las máximas exponentes femeninas del género policial, y conocí a Ruth Rendell, o, mejor dicho, tuve oportunidad de leerla. En ese momento y para cuando reseñé el libro, me había quedado muy bien impresionada con ella, ya que me había parecido muy original su historia y muy bien planteados los rasgos psicológicos del protagonista. Por lo tanto, quería leer más de ella.
Es así como llegué a "Deseo criminal", un libro que tenía en mi biblioteca desde el día en que Stephen King expresó su admiración por él en "Mientras escribo". Tenía curiosidad.
Creo que la lectura de "Deseo criminal" me ha llevado dos semanas, quizás un poco más. Es una novela de 383 páginas pero se me ha antojado eterna. Incluso hace dos días me faltaban diez páginas para terminarlo y sólo por no cargar con él en la cartera (es una edición de considerable tamaño) preferí dejarlo y comenzar otro libro y recién ahora me pongo a terminarlo.
Puedo decirles de esta novela que ya desde el título se está exagerando. La autora se va en detalles a la hora de querer dibujarnos un perfil psicológico de los personajes y, en el caso de Teddy Brex, se remite a la juventud de sus padres, pasando por el noviazgo, el matrimonio, su nacimiento y la infancia, cuadro a cuadro. Cosas que se podrían haber mencionado y grabado en la memoria, incluso la emocional, del lector con un par de frases e imágenes acertadas, se reiteran, se desgastan a lo largo de páginas. Y ocurre lo que suele ocurrir en estos casos: al lector no se le mueve un pelo, excepto cuando inclina la cabeza al bostezar...
Pasa algo similar en el caso de Francine Hill. Creo que este personaje quedó menos logrado incluso que Teddy, pues ella es una niña que ha visto algo tremendo como es a su madre asesinada. Y crece rodeada de protección asfixiante a causa de la creciente obsesión de su madrastra Julia y la culpa que siente su padre por lo ocurrido a su esposa. Es un personaje apático, que se dedica a dejar que las personas tomen decisiones por ella e ignoren sus deseos. Pero también peca de ser absurdamente inocente por momentos y contradictoriamente rebelde en muchos otros. Pero aparte de sus padres está rodeada por un grupo de amigas que son todo menos sumisas o sosas, y sin embargo no se les pega nada de ellas, cuando todos sabemos que más allá del núcleo familiar en el que crecemos en la adolescencia quienes realmente influyen en nuestra formación del carácter son los amigos.
Cuando este par se encuentra (rondando las doscientas páginas) comienza una relación ridícula regida por la incapacidad de relacionarse de ambos. Teddy sólo quiere verla hermosa, rodeada de cosas bellas, por lo que suele pedirle que se observe en el espejo que ha creado o se desvista mientras la cubre de sedas. No le interesa lo que le pasa, lo que habla, las personas que la rodean. Sólo la quiere hermosa para él.
Francine está con Teddy, en principio, porque sus padres se oponen y después porque le gusta la atención que despierta en él. No le parece extraño que él no sienta interés por sus problemas o no se moleste en brindarle el consuelo que suele buscar en él; tampoco le extraña mucho que sólo le interese admirarla desnuda, como si de un objeto se tratara. Está con él pero ni lo ama ni le tiene mucho aprecio. La verdad, no sabemos muy bien qué más, aparte de la atención, la lleva a estar a su lado...
Desde ese momento, la historia pasa de ser sobre las trágicas infancias de los protagonistas a situaciones cada vez más llamativas dentro de su relación. Pero nada le parece raro a nadie.
Teddy hace y deshace a voluntad, sin lograr que nadie descubra nunca si ha matado, si ha robado, si ha usurpado, etcétera. Francine lo sigue a todos lados pensando mucho pero haciendo nada.
Las descripciones que podrían ser desagradables son sólo palabras con signos de puntuación, las situaciones en las que se involucran los personajes son disparatadas y los "extras" parecen tener la misma personalidad pero diferentes nombres.
Y el libro se vuelve más y más denso, la lectura es fácil de abandonar hasta al vuelo de una mosca a pocos metros del lector.
Y el predecible y precipitado final, sólo logra que uno agradezca dar vuelta la última página y se admire un poquito por la pura fuerza de voluntad que lo ha impulsado.


Ya pasando a detalles de la edición, y ante la dificultad de no leer en inglés como para comparar, me encuentro con unos cuantos detalles narrativos bastante feos que no sé a quién cargárselos: a la autora o a la traductora. Desde palabras repetidas en la misma frase hasta expresiones repetidas seguidas en el mismo renglón.


Ha sido una decepción casi igual de importante que la que sufrí al leer a Ramsey Campbell como narrador de novelas después de años de admirarlo como cuentista. 




















La biografía de Rendell ya la compartí en la reseña de Damas del crimen, puedes leerla acá. Sin embargo, te invito a conocer otras opiniones sobre el libro en diferentes webs:




Si reseñaste el libro o conoces otra crítica, deja tu enlace para agregarlo aquí.

miércoles, 23 de noviembre de 2011

Motivo de ruptura, de Harlan Coben.

Título original: Deal Bracker.
Año: 1995; 2006 en esta edición.
Editorial: RBA.
Serie: Nº 1 Myron Bolitar.


Christian Steele está a punto de cumplir el sueño americano y ser una de las estrellas de la NFL. El agente Myron Bolytar también alcanzará, por fin, su meta, representando a Steele. Una llamada de auxilio, sin embargo, pone en peligro la firma del contrato y el futuro de Bolitar. Es Kathy, una antigua novia de Christian Steele a que todo e mundo, incluida la Policía, da por muerta. 
Agente de día, investigador de noche, Bolitar buscará desesperadamente a Kathy y penetrará en los oscuros secretos de una familia que jamás hubiera querido conocer. Una combinación de avaricia, miedo, mentiras y pornografía en las que Christian Steele no parece inocente. A Bolitar ya sólo le preocupa una cosa: sobrevivir. Pero no se detendrá hasta encontrar a Kathy y qué se esconde detrás de su desaparición y de su terror. 
La primera novela de la serie de Myron Bolitar. Con ella, Harlan Coben encontró un personaje, siempre con su inseparable Win, en el que conviven sentido de humor y la más pura tradición de la gran novela negra norteamericana.

Es la segunda novela que leo de Harlan Coben y la primera de esta serie, y ha sido gracias a la recomendación de una amiga que ama el género policial.
Ya desde "Sólo una mirada" me había sentido atraída por la narración ágil e inteligente de este autor, capaz de mantener la atención del lector desde la primera página hasta el inesperado final. Y me alegra comprobar que aquella no fue sólo una primera impresión, pues una vez más me ha enganchado y me ha mantenido colgando de un hilo con la historia que se presenta a Myron Bolitar, un ex deportista y ex agente del F.B.I. que comienza a investigar la desaparición de la hermana de la mujer que ama y termina envuelto en una profunda y casi desenmarañable red de intrigas y secretos.
Pero aparte de que la historia sea de por sí el cebo perfecto para quienes morimos de curiosidad, los personajes son sumamente atractivos y complejos. 
Myron, por ejemplo, es un tipo con mucho mundo, que lo ha visto todo y casi no le teme a nada. Pero a la vez es sensible, al punto de encontrarse en más de una ocasión con cara de "perrito enamorado", como lo describe su mejor amiga, al pensar en la relación que tuviera años atrás con Jessica, una mujer a la que no ha podido olvidar. Además, todo diálogo que lo incluya a Myron contiene grandes dosis de humor, del negro, del autoreferencial, del sarcástico. En cualquier situación va y te suelta una frasesita que te descoloca y al menos te saca una sonrisa.

O sea  empezó a decir Win , que Frank Ache quiere matarte.
Eso parece ─ asintió Myron.
Qué pena.
Si pudiera conocerme. Saber cómo soy en realidad.
Capítulo 17.

Incluso cuando está concentrado en alguna línea de pensamiento, te vuelve a sorprender.

Myron sabía que Kathy había trabajado en la oficina del decano. ¿Acaso tuvo que hacer algo más aparte de ordenar expedientes? ¿Un lío, tal vez? ¿Y qué pasaba con la encantadora esposa del decano? ¿Llevaría sujetador?
Myron estaba desviándose del tema.
Capítulo 21.

Lo que me gusta de sus historias y de cómo las cuenta es que todo lo que dice resulta interesante, más allá de si está relacionado directamente con el crimen que se está investigando. Cuando habla de los personajes, como de la relación entre Myron y Win lo hace de tal modo que puedas comprender los lazos que los unen a pesar de todo. Lo mismo va pasando con los demás personajes y sus pasados, breves imágenes que conforman toda una personalidad y avivan ampliamente la imaginación del lector.
Las descripciones de lugares o situaciones también está muy cuidada. En suma, que no encontrarás nada que sobre o que haga pesada la lectura porque siempre estarás enterándote de detalles interesantes y pasando un buen rato.
Otra sensación que me dejó el libro era la impresión de estar leyendo una novela negra, con esos detectives de gabardina al estilo años '30 pero ambientada en nuestros días: el tipo duro e inconmovible, con una gran confianza en sí mismo, inteligente y seguro de lo que busca, con un chispeante sentido del humor y un lenguaje muy real, muy del día a día nuestro. 

Sobra decir que me encantaría seguir leyendo la serie de Myron Bolitar, saber en qué líos se verán envueltos él y su amigo y socio Win, quién les pondrá precio a su cabeza la próxima vez y cómo volverán a escaparse de las garras de la muerte.

Gracias a Gra por la recomendación y por prestarme sus libros.


Sobre el autor:


Harlan Coben (4 de enero de 1962) es un autor estadounidense de novelas de misterio y suspense. Las tramas de sus novelas a menudo implican la reelaboración de los acontecimientos no resueltos o mal interpretados en el pasado (tales como homicidios, accidentes mortales, etc) y con frecuencia tienen varios giros trepidantes de la trama. Dos de sus series de libros suceden alrededor de Nueva York y Nueva Jersey, y algunos de los personajes secundarios han aparecido en ambas.
Coben nació en una familia judía en Newark, Nueva Jersey, pero fue criado y educado en Livingston, New Jersey con su amigo de infancia y futuro político Chris Christie. Mientras estudiaba ciencias políticas en Amherst College, fue miembro de la fraternidad Psi Upsilon con el autor Dan Brown. Tras Amherst, Coben trabajó en una empresa familiar del sector de los viajes. Ahora vive en Ridgewood, Nueva Jersey con su esposa, Anne Armstrong-Coben MD, una pediatra, y sus cuatro hijos.

Coben estaba en su último año en la universidad cuando se dio cuenta de que quería escribir. Su primer libro fue aceptado cuando tenía veintiséis años, pero después de la publicación de dos novelas independientes a los veinte años (Play Dead en 1990 y Miracle Cure en 1991) se decidió por un cambio de rumbo y comenzó una serie de novelas con su personaje Myron Bolitar. Las novelas la historia de un exjugador de baloncesto que se volvió agente deportivo (Bolitar), que a menudo encuentra la solución a la investigación de los asesinatos.

Coben ha ganado un Premio Edgar, un premio Shamus y un premio Anthony, y es el primer escritor que ha recibido los tres. También es el primer escritor en más de una década que ha sido invitado a escribir ficción para la página de opinión del New York Times. Escribió un cuento titulado La llave de mi Padre, que apareció 15 de junio, 2003.

En 2001 lanzó su primera novela suspense desde la creación de la serie Myron Bolitar en 1995, No se lo digas a nadie, que pasó a ser su novela más vendida hasta la fecha y de la cual ya existe una adaptación al cine realizada por el director francés Guillaume Canet.

En septiembre de 2010 ganó el IV Premio Internacional de Novela Negra de RBA considerado el mejor dotado en su categoría (125.000 euros) por su novela "Live Wire", la décima protagonizada por Bolitar.


Serie de Myron Bolitar:
  • Motivo de ruptura (Deal Breaker, 1995). Nominado al Premio Edgar.
  • Golpe de efecto (Drop Shot, 1996)
  • Tiempo muerto (Fade Away, 1996)
  • Muerte en el hoyo 18 (Back Spin, 1997)
  • Un paso en falso (One False Move,1998)
  • El último detalle (The Final Detail, 1999)
  • El miedo más profundo (Darkest Fear, 2000)
  • La Promesa (Promise Me, 2006)
  • Desaparecida (Long Lost, 2009)
  • Alta tensión (Live Wire, 2011)

Otras obras:
  • Play Dead (Play Dead, 1990). No publicada en español.
  • Miracle Cure (Miracle Cure, 1991). No publicada en español.
  • No se lo digas a nadie (Tell No One, 2001). Adaptada al cine como No se lo digas a nadie
  • Por siempre jamás (Gone for Good, 2002)
  • Última oportunidad (No Second Chance, 2003)
  • Solo una mirada (Just One Look, 2004)
  • El inocente (The Innocent, 2005)
  • El bosque (The Woods, 2007)
  • Ni una palabra (Hold Tight, 2008)
  • Caught (Caught, 2010). No publicada en español.


Fuentes:

Biografía: Wikipedia.

Nota: varios de los libros de Harlan Coben se consiguen en Uruguay en edición rústica pero casi ninguno en edición de bolsillo.

jueves, 17 de noviembre de 2011

Estremécete, de Peter Leonard.

Título original: Quiver.
Año: 2008.
Editorial: Maeva.


Un instante puede cambiar nuestra vida para siempre...Destinos trágicos y seres a la deriva en una novela de suspense de ritmo vertiginoso.
El mundo de Kate se derrumba cuando su hijo adolescente Luke mata accidentalmente a su padre, Owen, mientras estaban cazando. El trágico acontecimiento deja mella tanto en la madre como en el hijo, pero mientras ella intenta rehacer su vida, el chico, afligido por un gran sentimiento de culpa, empieza a frecuentar compañías nada recomendables.

Kate, además, al heredar el imperio de Owen, se convierte de repente en una viuda rica y atractiva, pero se haya sumida en un profundo duelo y no puede dejar de recordar los buenos momentos de su matrimonio. Cuando Jack, un antiguo novio, reaparece en su vida e intenta reanudar la relación con ella, durante un tiempo Kate encuentra de nuevo paz y consuelo, pero la tranquilidad dura muy poco. Su hijo es secuestrado y sus captores amenazan con devolvérselo a trozos si no reciben dos millones de dólares en treinta y seis horas...

Leonard muestra en esta obra una extraordinaria madurez, tanto en la trama de la historia como en el estilo. Los giros de la novela ayudan a conformar una historia bien dibujada y rica en detalles, en la que la composición de los personajes es de una agudeza memorable.

Disculpen un segundo, después de una semana con este libro merezco suspirar hondo... La sensación de alivio, semejante a "pero qué trance he pasado" es fuerte, merecía hace rato poder experimentar el goce del libro que se cierra en la última página. Acabado. Por fin.
Ahora sí, me toca preguntarme por dónde empiezo.
Ya sé, emplearé un recurso del que abusa Leonard en este libro: haré un repaso de mi pasado hablando de mis anteriores experiencias con los libros del género policial. O no, mejor hablaré de la literatura en general, para no discriminar a nadie. Verán, comencé a leer en la adolescencia, antes mucho no me atraían los libros. O quizás era como aquel personaje de Borges, el que tiene diez libros y disfruta releyéndolos una y otra vez. Yo tenia unos pocos libros y los leía una y otra vez y era feliz. Después me encontré en la biblioteca, descubriendo autores y géneros y más tarde conocí a Natalia y fue como avivar esa adicción que había adquirido imperceptiblemente.
Que King, que Sheldon, que clásicos, que poetas... Los libros que iba leyendo y disfrutando pronto se convirtieron en una cantidad imposible de precisar y el amor por la literatura iba en aumento.
Pasaron los años y hasta el día de hoy nunca había pensado "¡pero con qué porquería he perdido mi tiempo!". Pero dicen que para todo hay una primera vez...

Disculpen, ¿dicen que me fui de tema? ¿Qué dije un montón de cosas que no tenían nada que ver con la reseña que vinieron a leer, que el 90% de lo dicho no les interesaba? 
No es mi culpa: me compenetré tanto con "Estremécete" que ahora es como si yo fuera otro de sus patéticos y sosos personajes, diciendo un montón de cosas que no vienen a cuento y que no le interesan a nadie...
¿Quizás a ustedes les interesaría saber algunas cositas que he aprendido desde el momento en que decidí escribir mis propias historias? ¿No?
Bueno, que pena porque se las voy a contar igual, aunque suene al caso anterior donde a nadie le interesa ni viene al caso. Y ojo que lo hago aunque mi papá no sea un maestro de las reseñas de libros, mundialmente conocido y hasta con algún que otro seguidor...
Verán, escribir es como contar una mentira. Uno tiene que pensar cuidadosamente lo que va a decir, cuidar cada palabra y tratar de no ser extremada y exasperantemente detallista, porque es en los detalles donde se esconden los errores, los hilitos esos que hacen que cuando tiras de ellos se deshaga toda la prenda... o la trama, como quieran.
La mentira puede ser imposible, al grado de que bien dicha nadie dudará de que hablas con absoluta verdad. Pero basta una palabra y ni siquiera el oyente/lector más distraído pasará por alto tu metida de pata. Cuando dices una de estas palabras a las pocas páginas de comenzar la historia, muchos de los que estén intentando averiguar a dónde quieres ir a parar, te mirarán con malos gestos, quizás te darán la espalda. Pero cuando repites el error... y lo repites... y ahí va otra vez... entonces es de suponer que ya te has dado cuenta que no sirves para decir mentiras. O escribir novelas.
Otra de las cosas que a una le pueden parecer obvias, pero que es evidente que no lo son porque nunca falta el que no lo entienda, es que los personajes creíbles no tienen un sólo rasgo de carácter. Podría parecer, pero les aseguro que no. Piensen en sus personajes favoritos y verán que pueden ser testarudos, autoritarios, crueles, amables, tortuosos, pero nunca son sólo una de esas cosas. Increíblemente, eso se debe a que los personajes de ficción tienen que parecerse mucho a personajes reales para que nosotros podamos visualizarlos, escucharles la voz, entenderlos y quizás recordarlos mucho tiempo después de acabar el libro.
Casi lo mismo puede decirse de los sentimientos de esos personajes. Porque en el diccionario encuentras palabras que todos conocemos, como "alegría", "miedo", "deseo", "ambición". Pero si tú dices que tu personaje tenía miedo en realidad no me estás diciendo nada. Nada que valga la pena mi atención, al menos.

Ya para no hacer de esta reseña una extensión del libro, es decir, una lista de "cosas", redondearé diciendo que un libro para que esté bien escrito requiere más que un montón de ideas y argumentos trillados, personajes banales, arquetipos de películas mediocres de Hollywood, o palabras escritas una detrás de otra sólo porque aprendiste a teclear y te parece divertido.
Es por eso, simplemente, que "Estremécete" está muy lejos de ser un buen libro. Y es por los errores, la falta de ambientación, de profundidad, de carácter, de emoción, y la continua reiteración de todas estas faltas, que Peter Leonard tendría que abandonar la idea de escribir y dedicarse a plantar árboles. 
Disculpen si tuvieron que leer todo lo anterior para encontrar al fin una conclusión. Parece que los dos tuvimos que pasar por muchas palabras sin sentido para llegar al final.

Advertencia: en la web es posible encontrar reseñas positivas de esta novela... aunque algunas son como los comentarios de la editorial y de Michael Connelly escritos en la contraportada pero con muchos sinónimos...

Sobre el autor:
Peter Leonard descubre el placer de darle a la tecla :-P
Peter Leonard es hijo del prestigioso autor de novela negra Elmore Leonard y, al igual que su padre, tiene un gran talento para contruír tramas muy creíbles y que sumen al lector en un estado de tensión que no le abandona hasta el final de la lectura.
Peter Leonard vive con su familia en Birmingham, donde es propietario de la agencia de publicidad Leonard, Mayer & Tolco.
Es autor de "Trust me" y "All he saw was the girl".


Fuentes:

Biografía: Contratapa del libro.
Foto: Página del autor.

jueves, 10 de noviembre de 2011

La bestia debe morir, de Nicholas Blake.


 Título original: The Beast Must Died.
Año: 1938.
Editorial: Emecé.
Colección: Séptimo Círculo.

Un autor de novelas policiales cuyo hijo ha sido asesinado por un desconocido decide vengar esa muerte. Tiene un plan perfecto y todo está listo: cuando parece que ya no hay salida [para "la bestia"] que cometió la atrocidad que perturba incesantemente al escritor, ocurre lo inesperado. 
La novela es el diario minucioso que registra la búsqueda del culpable y que permite al lector acompañar cada instante en la planificación de la venganza de un padre desencajado por el dolor.

Con esta novela Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares dieron inicio a su colección de novela policial llamada "Séptimo Círculo" en 1945.
Como bien dice la sinopsis, narra la historia de un escritor que sufre la muerte de su pequeño hijo en manos de un conductor que luego de atropellarlo y abandonarlo se dio a la fuga. Frustrado y angustiado porque la policía pronto llegó a la conclusión de que no darían con el asesino, decide tomar la investigación en sus manos y pronto comienza a pensar en todos los detalles que puedan revelarle la identidad de "la bestia". Para ello se vale de su mente lógica y analítica de escritor de novelas policiales y pronto descubre cómo ocurrió el accidente y quién fue el culpable de la muerte del niño.
Un nuevo plan de acción para concretar su venganza, pronto lo lleva ante Lena, una joven actriz de películas mediocres, quien de a poco comienza a enamorarse de ese misterioso escritor sin llegar a conocer su verdadera identidad. Las pruebas de que se encuentra en el camino correcto comienzan a presentarse y no tarda en encontrarse ante el hombre que truncó su vida y su felicidad.


El libro se divide en cuatro partes, iniciando con el diario del protagonista, Frank Cairnes, y él nos va contando cómo lleva la muerte de su hijo y cómo se va gestando en su mente la idea de vengarse del anónimo asesino.
Página a página, nos acercamos cada vez más a "la bestia" y al hombre que busca darle caza sin poner en riesgo su verdadera identidad.
Es a través de su visión que vamos conociendo a los demás personajes: la bella y en apariencia superficial Lena, con quien "Félix Lane" comienza un romance; el ególatra y despiadado George Rattery; el joven y sensible Phil, criado entre la violencia de su familia y las mujeres que lo rodean: su madre Violeta y su nada agradable abuela, Mrs. Rattery.
Es muy fácil sentirse conmovida y comprender a este hombre que siente que su vida acabó en el momento en que lo hizo la de su pequeño. La injusticia de lo ocurrido, la impotencia, el dolor, hacen de esta primer parte una de las más duras, sobre todo en las primeras páginas.
La segunda parte no forma parte del diario. Narra lo que ocurre una vez que Félix Cairnes, como luego deciden llamarlo, lleva a cabo su venganza y confronta al asesino.
Está todo muy detallado y fue para mí una de las partes más sorprendentes del libro, pues la historia da un giro crucial e inesperado.
En la tercer parte entran en la historia nuevos personajes: Nigel Strangeways, quien llega al pueblo junto a su esposa, con la intención de resolver el homicidio y encontrar al verdadero culpable; y el inspector de Scottland Yard, Blount, quien busca el mismo fin. Juntos comienzan a indagar entre estos personajes en busca de la verdad, revelándonos nuevos puntos de vista y detalles que desconocíamos.


La historia cambia cada vez, pero el ritmo atrapante no decrece nunca. Los personajes son complejos y bien construidos. De inmediato es fácil visualizarlos y simpatizar o no con ellos. La historia se va narrando en nuestra imaginación tal cual lo hiciera en una película y el aire de época en plena Segunda Guerra Mundial le brinda un encanto único, como sólo las novelas escritas entonces pueden tener.
Pese a que en un principio, y como ya mencioné, la historia tiene un aire dramático muy fuerte, en las últimas partes se aprecia un marcado sentido del humor. 
Los diálogos son muy fluídos y el desarrollo de la investigación no cesa ni en la última página. 


Con un final sorprendente y hasta inesperado, "La bestia debe morir" es una de las mejores novelas policiales que he leído hasta el momento y que recomiendo sin dudar a todos los que gusten del género y de libros muy bien narrados.


Sobre el autor:

Cecil Day-Lewis
(o Day Lewis) nació el 27 de april de 1904 y falleció el 22 de mayo de 1972. Poeta lírico de exquisito talento, crítico y novelista policíaco irlandés. Graduado en Oxford, publicó su primer libro de poemas, Beechen Vigil, en 1925. Tres años después apareció Country Comets, seguido deTransitional Poem, que le dio renombre y en el que trabajó con gran sutileza la articulación entre lo social y lo personal.
A comienzos de la década del treinta se afilió al partido comunista y publicó un libro de crítica titulado A Hope for Poetry (1934). Tras dos volúmenes de búsqueda formal, From Feather to Iron (1931), y The Magnetic Mountain (1933), intentó una poesía más programática en A Time to Dance (1935), pero retornó, en Overtures to Death (1938), a una complejidad en la que combinaba la herencia postsimbolista con las experimentaciones de la vanguardia europea de principios del siglo XX.

En 1939 renunció al partido comunista, aunque mantuvo su ideario de izquierda; fue profesor en Oxford (1951-1956) y en Harvard (1964-1965). Realizó soberbias traducciones de Virgilio y P. Valéry y fue Poeta Laureado desde 1968.

Con el seudónimo de Nicholas Blake, publicó un buen número de excelentes novelas de intriga; no fue casualidad que J. L. Borges y A. Bioy Casares eligieran La bestia debe morir para inaugurar, en los años cincuenta, una legendaria colección argentina de novela policíaca, El séptimo círculo.

Su autobiografía, The Buried Day, apareció en 1960. Fue miembro del llamado "grupo de Oxford", asociación de poetas de izquierda de la que formaban parte S. Spender, W. H. Auden y L. McNeice; como todos ellos, se caracterizó por ser activamente beligerante a favor de la República en la Guerra Civil española.



Según John Strachey "Cuando condesciende con Nicholas Blake escribe mejor que cuando se da por entero a la literatura', como Day Lewis."

Bibliografía en español como Nicholas Blake:

  • 1945. La bestia debe morir. Buenos Aires: Emecé.
  • 1946. Los toneles de la muerte. Buenos Aires: Emecé.
  • 1946. Cuestión de pruebas. Buenos Aires: Emecé.
  • 1948. El abominable hombre de nieve. Buenos Aires: Emecé.
  • 1948. Malicia en el país de las maravillas. Buenos Aires: Pingüino.
  • 1951. La cabeza del viajero. Buenos Aires: Emecé.
  • 1954. El hueco fatal. Buenos Aires: Emecé.
  • 1955. Susurro en la penumbra. Buenos Aires: Emecé.
  • 1958. Fin de capítulo. Buenos Aires: Emecé.
  • 1958. La marana. Buenos Aires: Emecé.
  • 1960. El crucero de la vida. Buenos Aires: Emecé.
  • 1960. Un puñal en mi corazón. Buenos Aires: Emecé.
  • 1961. El gusano de la muerte. Buenos Aires: Emecé.
  • 1965. La burla siniestra. Buenos Aires: Emecé.
  • 1967. La triste variedad. Buenos Aires: Emecé.

El libro en el cine:


El libro ha tenido varias adaptaciones a la gran pantalla. En 1952 fue adaptada en Argentina por el director Román Viñoly Barreto y las actuaciones de Narciso Ibáñez Menta, Guillermo Battaglia, Laura Hidalgo y Milagros de la Vega.


(Descárgala acá)


En 1969 Claude Chabrol estrenó su versión de la historia en Francia, con las actuaciones de Michel Duchassoy, Caroline Ceiler y Jean Yanne. El título de la película es "Que la bête meure".




Voy a matar a un hombre. No sé cómo se llama, no sé dónde vive, no tengo idea de su aspecto. Pero voy a encontrarlo y lo mataré...

Fuentes:

Biografía: Biografías y Vidas.

lunes, 13 de junio de 2011

La Dalia Negra, de James Ellroy.



Título original: The Black Dahlia.
Año: 2004 (en ésta edición).
Editorial: Byblos.
Serie: Nº1 Cuarteto de Los Ángeles.

El 15 de enero de 1947, en un solar desocupado de Los Ángeles, apareció el cadáver desnudo y seccionado en dos de una mujer joven. El médico forense determinó que la habían torturado durante días, mientras ella -Elizabeth Short, de 22 años- conservaba el conocimiento.
Un periodista bautizó a la víctima como La Dalia Negra por la manera en que vestía. Basándose en ese suceso, Ellroy construye una novela en la que plasma la relación entre dos policías, ex boxeadores, enamorados de la misma mujer y obsesionados por la Dalia Negra, por su vida y, sobre todo, por capturar al individuo que la asesinó.

La Dalia Negra es una novela ambientada en la época del '40, y está basada en el crimen real de Elizabeth Short, uno que hasta el día de hoy se recuerda en Los Ángeles y que sigue sin ser resuelto. James Ellroy intenta reconstruir los últimos días de la Dalia, su brutal asesinato y logra un retrato de época violento, descarnado y muy creíble.
La historia está contada desde el punto de vista de Bucky Bleichert, un policía ex boxeador que ingresa a la Criminal pocos meses antes de que fuera descubierto el cadáver de Short. Las primeras cien páginas se me hicieron un poco lentas porque se centra en la vida de Bucky y de como consigue la oportunidad de pasar de ser un simple policía de uniforme a ser detective de la Criminal. En el proceso también vamos conociendo al que se convierte en su compañero y mejor amigo, otro ex boxeador, Lee Blanchard, y su pareja, Kay, quien también se convertirá en la mujer que Bucky desea. El lazo entre los tres se estrecha capítulo a capítulo, y aunque no deja de ser una relación un tanto peculiar, al finalizar el libro me di cuenta de que Ellroy fue muy cuidadoso con cada aspecto, personaje y circunstancia que narra de modo tan trivial y hasta "apresurado", pues todo está relacionado.
Una vez enfrentados al crimen de la Dalia Negra, el aspecto político aflora con intensidad en la historia. Los motivos que tienen cada uno de los personajes para encontrar al asesino son expuestos claramente y no reflejan el mejor rostro de la policía californiana de la época, más allá de si fueron motivos reales o son producto de la imaginación del autor.
Con esto también podremos apreciar nuevos aspectos de los personajes que ya creíamos conocer. Da la impresión de que todo lo sórdido y violento de la ciudad y sus habitantes sale a la luz mientras más tiempo pasan bajo el influjo de la Dalia.
Admito que hubo veces en que se me hizo cuesta arriba concentrarme en la historia, pasar con tanta rapidez de una situación a la otra, descubrir esto u aquello y recordar tantos nombres. Muchas veces incluso llegué a tener la sensación de que la historia estaba "estancada", de que no avanzaba ni en la investigación ni en lo personal. Ahora me doy cuenta de que esta es una novela que tienes que leer con tranquilidad, de preferencia sin tener que abandonarla durante demasiadas horas. Pero hoy en día ¿cuántos de nosotros podemos darnos el gusto de podernos sentar tranquilos con un libro y no soltarlo hasta dar vuelta la última hoja?
Los personajes son complejos, todos esconden algo, son tan bondadosos como crueles y nunca sabes en quién confiar, aunque sabes que el "asesino" no es ninguno de ellos. Y digo esto porque Ellroy sí cierra la historia revelando la identidad del brutal presunto asesino. Es más, Ellroy no se calla nada, y cierra todas las historias dentro de esta historia.
La descripción sobre Elizabeth Short la realizó perfectamente un amigo mío esta tarde, cuando me encontró ya en las últimas 50 páginas: la Dalia está al final de un amplio espiral y todos los personajes giran en torno a ella sin llegar al centro por mucho, mucho tiempo.
Creo que el libro pueden disfrutarlo muchos de los amantes de la novela policial, sobre todo aquellos que disfruten de historias ambientadas en la posguerra norteamericana. Eso sí, advierto de que Ellroy no tiene pelos en la lengua, y de que las descripciones de algunos personajes o escenarios pueden resultar demasiado fuertes para algunas personas. Hubo ocasiones en que incluso me sentí un poco enferma, por más exagerado que eso les pueda parecer.

Ahora, lo que más me desquició desde el principio hasta el final, es la cantidad de errores que tiene ésta edición. Por favor, ¿acaso nadie la revisó y corrigió? Yo soy del tipo de lectores que se empiezan a molestar con un punto fuera de lugar, así que no les sorprenda que les diga que me indignó mucho todo lo que llegué a ver: desde puntuación fuera de lugar, ausencias de guiones de diálogos, errores de tipeo donde se sustituía una letra por otra, reiteración de palabras, mala utilización de expresiones conocidas y/o lugares comúnes, hasta supresión de palabras o preposiciones incorrectas.
Les dejo pocos ejemplos:

[...] ahora, me dediqué a pasar nuevamente la película de nuevo, en busca de hechos nada más [...] página 330.

[...] ¡Todo. lo que ella deseaba era pasear por el bulevar...[...]! página 150.

[...] Iba in maculadamente vestido con camisa deportiva a rayas [...] página 441.

[...] la chica de la película porro [...] página 513.

En 2006 se estrenó la película de Brian de Palma basada en éste libro y que contó con las actuaciones de Josh Hartnett y Aaron Eckart.





















Sobre el autor:

James Ellroy, cuyo verdadero nombre es Lee Earle Ellroy, nació el 4 de marzo de 1948 en Los Ángeles, California. Es uno de los más famosos escritores de novela negra contemporánea, así como también un escritor de "ensayos" o artículos dedicados a analizar y desglosar crímenes reales. Se caracteriza por poseer una narrativa "telegráfica", la cual omite palabras que otros escritores considerarían necesarias o fundamentales, en otras palabras aprovecha la dureza y fuerza de la lengua inglesa para dar frases duras, cortantes y ambiguas. Decir mucho con pocas palabras como si la economía verbal fuese fundamental.



Continúa la evolución directa de la novela policial que iniciaron Dashiell Hammett y Raymond Chandler en los años 30, caracterizada por su dureza; es el subgénero que los norteamericanos han denominado hard boiled.

Sus libros se caracterizan por su oscuro humor y retrato de la Norteamérica autoritaria, racista y conservadora, por no decir un poco fascista. Otro punto es el pesimismo que envuelve a los personajes, la decadencia y la ausencia total de esperanza. Ello explica el sobrenombre que se la ha dado como "Demon Dog of American Crime Fiction" (El Perro Demoníaco de la literatura policíaca de Estados Unidos).

Ellroy forma parte de la última constelación de la novela negra norteamericana, formada por James B. Sallis, Walter Mosley, Elmore Leonard, James Crunley y Ed McBain.

Obras:

  • Requiem por Brown (1981)
  • Clandestino (1982) Publicada en castellano en 2001. Traducción: Montserrat Gurguí y Hernán Sabaté.
  • Sangre en la luna (1983)
  • A causa de la noche (1984)
  • La colina de los suicidas (1986)
  • La Dalia Negra (1987)
  • El gran desierto (1988)
  • LA Confidential (1990)
  • Jazz blanco (1992) Traducción: Hernán Sabaté.
  • América (1995) Traducción: Hernán Sabaté
  • Mis rincones ocuros (1996) Traducción: Montserrat Gurguí y Hernán Sabaté.
  • LA Noir (1998) (Incluye Blood on the Moon, Because the Night y Suicide Hill)
  • Ola de crímenes (1999) Traducción: Montserrat Gurguí y Hernán Sabaté.
  • Seis de los grandes (2001) Traducción: Montserrat Gurguí y Hernán Sabaté.
  • The Best American Mystery Stories (2002)
  • Destino: La morgue(2004), publicada en español en 2007 por Ediciones B (Byblos), Barcelona. Recopilación de 10 artículos y dos cuentos. Traducción: Montserrat Gurguí y Hernán Sabaté.
  • Loco por Donna (2005) , edición de 3 cuentos originalmente, 1 de ellos publicado en "Destination: Morgue" Traducción: Montserrat Gurguí y Hernán Sabaté
  • El asesino de la carretera (2008), escrita originalmente en 1986. Traducción: Montserrat Gurguí y Hernán Sabaté
  • Noches en Hollywood (2009) escrita originalmente en 1994. Traducción: Montserrat Gurguí y Hernán Sabaté
  • Sangre vagabunda (2010) Traducción Montserrat Gurguí y Hernán Sabaté.
  • A la caza de la mujer (2011) Traducción Montserrat Gurguí y Hernán Sabaté.
Películas basadas en sus libros o para las que escribió guión:

  • Dueños de la calle (Street Kings), (2008), dirigida por David Ayer con guión de Ellroy
  • La dalia negra (2006), dirigida por Brian de Palma
  • Dark blue (El rostro oscuro de la ley), (2003), dirigida por Ron Shelton
  • Stay clean (2002), película corta (11 min.) dirigida por Mitch Brian
  • Brown's Requiem (1998), dirigida por Jason Freeland
  • L.A. Confidential (1997), dirigida por Curtis Hanson
  • Cop, con la ley o sin ella (Cop), (1987), dirigida por James B. Harris con guión de Ellroy