Título original: Il nome della Rosa.
Año: 1980.
Editorial: Lumen.
Es lujuria de libros...
Tengo que reconocer que cuando propuse "El nombre de la rosa" para la lectura conjunta lo hice pensando algo así como "si no la leo ahora, no la leeré nunca". Y la verdad es algo que hoy en día me sorprende y avergüenza un poco, pues en esta novela encontré muchos momentos de disfrute y debo reconocer que después de haber pasado la "cuesta inicial" me fue muy difícil no engancharme a la lectura en cualquier momento y lugar.
Ya de por sí, ambientar una historia con elementos de novela negra en el medioevo, acarreó para mí unas cuantas sorpresas agradables, y ni qué decir de toda la información histórica, los debates sociales, religiosos y filosóficos, que a muchos quizás le puedan parecer innecesarios, demasiado extensos o, incluso mirado desde el punto de vista estructural de la novela, quizás hasta demasiado forzados. Y es que a Eco le gusta demostrar que sabe, le gusta hablar de lo que sabe, se nota que disfruta intensamente de esos diálogos entre sus personajes donde queda más que ilustrado la calidad de estos en cuanto a "maestro" y "pupilo" y que bien puede ilustrar la relación "ensayista-lector".
Personalmente, disfruté de estos momentos, aunque reitero que a veces me parecía frustrante que Adso interrumpiera a su maestro para hacerle una pregunta al estilo de las que encontramos en libros de textos escolares...
Eso también es ejemplo de la personalidad de Adso, quien se deja guiar prácticamente durante toda la historia. Ya desde el comienzo aclara que es una historia de su juventud, que ha guardado para sí durante años y que decide pasar al papel protegido por el paso del tiempo y porque muchos de los involucrados han muerto ya.
Los demás personajes resultan cautivantes y algo más complejos que el joven Adso. Por supuesto que uno de los más interesantes es Guillermo de Baskerville, el monje inglés y maestro de Adso, que hará las veces de detective y nos brindará momentos muy divertidos gracias a sus ocurrencias, así como varios de los diálogos mencionados arriba.
Antes mencionaba la "cuesta inicial" porque quizás a muchos pueda pasarles que ven las primeras cien o doscientas páginas como algo bastante "densas". En ellas se describe la llegada a la abadía, se presenta a los monjes y demás personajes que viven en ella, y se nos sitúa en una época y un lugar de modo tal que podamos hacernos una idea detallada de cómo era la vida en ese entonces, al menos para los hombres tan abocados a la vida espiritual y al alimento del intelecto. En las Apostillas, que se encuentran en muchas de las ediciones que circulan de la novela, Eco dice que esas páginas son "una prueba para el lector": quien logre seguir leyendo el libro después de ellas, podrá disfrutarlo y entenderlo mejor. Por eso, dice, se negó a modificarlo cuando sus editores le comentaron que no era la parte más "ágil" del libro. A mí me gusta llevarle la contraria y encontrarle la quinta pata a todo, así que a mí me gustaría verlo no tanto como "la prueba del maestro para los simples lectores", sino como el obstáculo que también ha de salvar un escritor a la hora de sentarse a escribir su novela. El inicio, la introducción a la historia en sí, siempre requiere la utilización y correcto desarrollo de lo investigado previamente. Es la base de la historia, donde nos aseguramos de dejar todos los cabos firmemente atados para ir construyendo encima. Se puede decir que es una de las partes más tediosas, tanto para el lector como para el escritor, que está ansioso por pasar a los hechos. Muchas cosas cambian o pueden no llegar a ocurrir como las pensamos en ese estadio de escritura, por lo que hay que ser muy cuidadosos pues la historia puede cambiar de un momento a otro.
Pues bien, antes que una prueba, decía, a mí me parece que Eco estaba intentando salvar la empinada cuesta para poder ver el valle que se extendía del otro lado y adentrarse en él y descubrir sus secretos.
No digo que esto esté mal, pero quise mencionarlo porque a la hora de leer esto en las Apostillas me sonó pedante, un tanto despectivo hacia el lector, a quien se lo llega a tratar de simple, un término que usan los monjes de la novela para referirse a los aldeanos ignorantes a quienes no podían entender pues no hablaban la lengua culta que ellos utilizaban...
Curiosamente, he recordado por pura casualidad aquella nota que circulaba meses atrás en varias redes sociales, donde se explicaba que Eco había decidido reescribir "El nombre de la rosa" para hacerla más liviana para el público acostumbrado a las vueltas de tuerca extremadamente retorcidas e inteligentes (nótese la ironía) de Ken Follett, a los argumentos enrevesados de Katherine Neville o a los inteligentes juegos literarios que impregnan la obra de Stephenie Meyer (sic). Esto me dejó un tanto perpleja, porque, aunque octogenario, no pensaba que Eco llegaría a contradecirse a sí mismo de modo tan garrafal. En fin, me parece un poco vergonzoso, un paso más hacia el mundo planteado por Bradbury en Farenheit 451 y que cada día parece más posible...
Así y todo, considero que "El nombre de la rosa" es una novela excelente, muy entretenida y cargada de datos curiosos y muchos guiños a otras obras, que bien merece una oportunidad y que de seguro hará las delicias de un buen lector (acá "buen" no es otro modo de decirle "maestro" a alguien, sólo de diferenciar a quien ama leer de quien lo hace para pasar el rato).
Les dejo el trailer de la adaptación realizada en 1986 por Jean-Jacques Annaud y que contó con las actuaciones de Sean Connery y un jovensísimo y bastante mutilado estéticamente Christian Slater.
The name of the rose - The story of a holly murder (1986).








































