miércoles, 20 de abril de 2011

La Reina de Saba - André Malraux.

Actividad Nº 3 y segundo libro acabado del Maratón de Lectura.



Título original: La reine de Saba. Une "aventure géographique".
Año: en ésta edición, 2007.
Editorial: Península.


"Descubierta capital legendaria reina de Saba stop veinte torres o templos aún en pie stop en el límite norte de Rub'Al-Khali stop tomadas fotos para L'Intransigeant stop saludos. Corniglion-Malraux".
L'Intransigeant. 8 de marzo de 1934.


La tercer actividad del Maratón de Lectura nos invita a comentar un hecho o situación que acabemos de leer y que demos nuestra opinión sobre ella.
Después de haber leído "La Reina de Saba" he llegado a la conclusión de que no puedo escoger un hecho aislado para comentarlo, porque éste pequeño libro me ha dejado cargada de sensaciones y ensoñaciones difíciles de pasar por alto, así que opto por realizar una mini reseña.


André Malraux y el piloto Corniglion-Molinier delante de su avión antes de emprender viaje.


Como ya comenté antes aquí, el libro narra la expedición aérea de André Malraux y el piloto Corniglion-Molinier en busca de la capital de la reina de Saba, personaje histórico que aparece mencionado en la Biblia y en El Corán. 
Las dos notas introductorias, escritas por Jean Grosjean y Philippe Delpuech, dan claros ejemplos de las menciones que se hace a ésta reina legendaria, que fue bautizada con diferentes nombres en las leyendas que hablaban de ella y en los libros religiosos. Se la vinculó con el rey Salomón, con quien vivió un tiempo, y también se menciona que dio a luz a su hijo, conocido en el mundo cristiano como el rey David. Se podrán imaginar el tono lírico que contienen todas esas alusiones, y cuánto más es posible encontrar una vez que Malraux comienza su narración, siete artículos escritos para el diario francés L'Intransigeant.


En 1934, cuando Malraux comenzó a planear éste viaje, los medios con que contaban eran escasos, incluso cuando Corniglion-Molinier sugirió que fuera en avión, no había en territorio francés un aparato adecuado para el viaje, así que tuvieron que acondicionar un avión de turismo, y llegar a prescindir hasta de la radio para aligerar el peso. Desde el inicio vemos cuánto se pudo haber complicado todo, por las grandes discrepancias entre los mapas y la realidad del territorio que sobrevolaban y que muchas veces les hizo creer que estaban perdidos o fuera de rumbo, la escasez del combustible, que ponía en jaque la posibilidad de un vuelo de regreso, y que el viaje en sí no estaba autorizado por el territorio yemenita, y varias veces les dispararon desde tierra, sin posibilidad de alcanzarlos.
Sin embargo, continuaron, y el desierto comenzó a dibujarse ante ellos desde las alturas y desde los testimonios de otros que iniciaron el viaje mucho antes, y ante nosotros, gracias a Malraux, que logra situarnos entre un escenario de milenios atrás y uno contemporáneo con frases como ésta:


"El avión que asciende hacia el día desgarra las tinieblas como un velamen que revienta. Jibuti queda atrás, el golfo de Tadjura rompe sobre los corales sus olas invisibles, hendidas sin duda por graciosos delfines. He aquí las nubes.
Arriba, el cielo está azul. Un cielo infinito que asoma sobre los alegres bancos de nubes blancas. Es una visión del principio del mundo, ¡antes de la aparición de la tierra! No hay pájaros. La soledad del Génesis. Avanzamos así durante unos treinta minutos en medio del absoluto, mientras que abajo, como en otro planeta, ruedan territorios africanos de la Tierra. Pero este paisaje de cosmogonía, sin límites, tampoco tiene dimensiones. A la derecha la luz se pierde en un vaho rojizo que no se sabe si es la bruma o el espesor del aire. Ciertamente las montañas de Arabia no se hallan lejos y sin embargo, no las vemos".

Imposible no sentirse allí arriba, contemplando las maravillas que van apareciendo ante nuestros ojos, escuchando las antiguas leyendas y las voces de los viajeros.
Éste no es el típico libro de viajes, como ya habrán notado. Si se quiere, es el relato lineal de André Malraux, sobre un viaje que terminó en un descubrimiento arqueológico que cobró la vida de cientos de hombres a lo largo de la historia, en el cual es difícil precisar los límites entre la fantasía y la realidad.


Por cierto, arriesgar la vida por una reina -bíblica y legendaria- se halla en la tradición caballeresca francesa, pero vincular ello con un descubrimiento arqueológico excepcional sólo puede deberse a André Malraux.
Philippe Delpuech, en el prólogo "¿Una 'aventura geográfica'?"


La reina de Saba.


Curiosidad:


André Malraux habló con dos grandes pilotos de la época cuando optó por viajar por aire: Jean Mermoz y Antoine de Saint-Exupéry, pero ambos rehusaron su propuesta.


Sobre el autor:



André Malraux nació en París (Francia), el 3 de noviembre de 1901, en el seno de una familia de posición acomodada. Narrador y ensayista, historiador y hombre de Estado, que encarnó el prototipo del escritor comprometido. Hijo único de padres separados, pasó su infancia en los suburbios de París. A los diecisiete años abandonó los estudios secundarios, pero pronto adquirió una vasta cultura autodidacta y se integró en los medios literarios y artísticos parisinos.

Participó en las tendencias de vanguardia de la inmediata posguerra, en especial el cubismo. Colaboró en Action, revista de este movimiento y en 1921 fue contratado como editor de la Galería de Arte Simon; allí apareció su primer trabajo, Lunes en papel, ilustrado por Fernand Léger y dedicado a M. Jacob. En 1922 comenzó su colaboración en laNouvelle Revue Française. Viajó por Europa y visitó numerosos museos.

Su pasión por el arte jemer lo llevó a emprender, a finales de 1923, una expedición arqueológica a la selva camboyana. Allí descubrió, en un templo abandonado, bajorrelieves que extrajo con la intención de venderlos en Europa. La aventura le costó la cárcel, pero finalmente fue absuelto. Regresó a Francia pero volvió pronto a Saigón, en enero de 1925, para fundar un periódico: L´Indochine, que desapareció al año siguiente a instancias de las autoridades coloniales.

La doble experiencia de la sociedad colonial y del periodismo de opinión desempeñó un papel decisivo en la vida de Malraux: paralelamente a su descubrimiento de Oriente, tomó conciencia de las realidades políticas y sociales y adquirió la reputación de escritor comprometido que orientó su vida y su obra.

A su regreso a Francia, publicó La tentación de Occidente (1926), un "ensayo-novela" que confrontaba un Oriente de sabiduría y un Occidente en crisis. A esta obra le siguieron tres novelas, igualmente inspiradas por sus contactos con Asia, en las que abordó los grandes problemas éticos del siglo XX: Los conquistadores (1928), La vía real (1930) y La condición humana (1933); esta última se convertiría en su libro más célebre.

Con la llegada al poder de Adolf Hitler, se hizo "compañero de ruta" del partido comunista. El tiempo del desprecio (1935), dedicado a las víctimas del nazismo, abrió un nuevo ciclo novelesco, ligado a la lucha contra los fascismos. Participó en la Guerra Civil española junto a los republicanos e intervino en combates aéreos con las brigadas internacionales. Fruto de esa experiencia fue la novela épica La Esperanza (1937), de la que al año siguiente hizo una adaptación cinematográfica.

En 1939 abandonó el partido comunista y poco después fue movilizado como voluntario en Francia. Capturado y luego liberado, rehusó comprometerse contra la ocupación por desconfianza en la influencia de los comunistas dentro del movimiento de la Resistencia y se consagró a la escritura. Incorporado finalmente a la Resistencia en la primavera de 1944, fue detenido por la Gestapo en julio pero un mes después fue liberado por la precipitada retirada de los alemanes de su país.

Al año siguiente tuvo un encuentro con Charles de Gaulle, de cuyo gobierno provisional (1945-1946) fue ministro de Información y al que benefició con su talento de orador, denunciando públicamente la influencia del comunismo y la propaganda estalinista en el Epílogo a Los conquistadores (1948). En 1951 publicó Las voces del silencio, el más importante de sus escritos sobre arte, donde defendió la libertad del artista contra los determinismos, tanto del marxismo como del psicoanálisis.

Dedicó igualmente tres volúmenes a Los museos imaginarios de la escultura mundial (1952 a 1955) y publicó la primera parte de lo que sería una gran epopeya de las artes: La metamorfosis de los dioses(1957). Después del regreso al poder de De Gaulle en 1958, se convirtió en ministro de Cultura, entre 1959 y 1969.

En 1967 apareció Antimemorias, en 1971, Les Chênes quon abat, relato de su última entrevista con De Gaulle; en 1974, La cabeza de obsidiana, luego Lázaro(1974) y Hôtes de passage (1975). Además de sus ensayos autobiográficos, publicó una segunda parte de La metamorfosis de los dioses, titulada Lo irreal(1974) y luego una tercera, Lo intemporal (1976). En 1977 apareció, póstumamente, su único trabajo consagrado a la creación literaria, síntesis de innumerables prólogos y artículos dispersos: L´Homme précaire et la Littérature.

Falleció en Créteil en el año 1976.

Fuente:

4 leyeron conmigo:

Tetsu Hana dijo...

No soy muy afecta a este tipo de libros, pero la verdad es que este que pones me ha llamado la atención y se que a mi papa le encantara se lo voy a recomendar.

Saludos y Feliz Lectura

Rocio Garcia Franco dijo...

Yo prefiero éste tipo de libros antes de la fantasía, aunque últimamente llevo puros libros fantásticos jajaja me gustó muchísimo la entrada y ya tengo ganas de leerlo!

Natalia dijo...

Parece realmente muy interesante.

Romina dijo...

No es mi tipo de lectura, pero sí es mi tipo de documental en el History Channel!!! Me gusta ver las historias de los descubrimientos, ver las ruinas, ver los paisajes... para imaginarme todo eso soy medio queso... me alegra que disfrutes la maratón, ya falta uno solo, no???
Besos