lunes, 21 de marzo de 2011

Día internacional de la poesía.

Éste 21 de marzo se celebra el Día Internacional de la Poesía, como se viene haciendo desde 2001, gracias a una propuesta realizada por la UNESCO.
En Europa es llamado Primavera de los Poetas y en Colombia la Común Presencia de los Poetas, por ser instituido por la Fundación que lleva el mismo nombre, la cuál trabaja desde hace dos décadas en la promoción del universo poético en hispanoamérica.

Los objetivos trazados por la UNESCO para este día son:
  • Fomentar la poesía.
  • Promover la enseñanza poética.
  • Resucitar la tradición de recitales poéticos.
  • Restablecer el diálogo de la poesía con otras manifestaciones artísticas.
  • Apoyar a los pequeños editores de este género.
  • Ofrecer una imagen atractiva de lo poético en los medios de comunicación.
  • Razón de su implementación

La UNESCO sostiene que gracias a las asociaciones y metáforas que la poesía logra, y además gracias a su lenguaje poético singular, es un medio eficaz para fomentar el diálogo entre las culturas. "Diversidad en el diálogo, libre circulación de las ideas por medio de la palabra, creatividad e innovación: el Día Mundial de la Poesía es una invitación a reflexionar sobre el poder del lenguaje y el florecimiento de las capacidades creadoras de cada persona, y, sobre todo, el valor de la pregunta y de lo próximo".


Para celebrarlo, Una Vida de Novela quiere compartir con sus lectores, algunos textos de nuestros poetas favoritos, tanto uruguayos como de diferentes nacionalidades.

Alfredo Zitarrosa (Uruguay 1936 - 1989)

Adagio en mi País.


En mi país, qué tristeza,

la pobreza y el rencor.
Dice mi padre que ya llegará
desde el fondo del tiempo otro tiempo
y me dice que el sol brillará
sobre un pueblo que él sueña
labrando su verde solar.
En mi país, qué tristeza,
la pobreza y el rencor.

Tú no pediste la guerra,
madre tierra, yo lo sé.
Dice mi padre que un solo traidor
puede con mil valientes;
él siente que el pueblo en su inmenso dolor
hoy se niega a beber en la fuente
clara del honor.
Tú no pediste la guerra,
madre tierra, yo lo sé.

En mi país somos duros,
el futuro lo dirá.
Canta mi pueblo una canción de paz.
Detrás de cada puerta
está alerta mi pueblo,
y ya nadie podrá
silenciar su canción
y mañana también cantará.
En mi país somos duros,
el futuro lo dirá.

En mi país, qué tibieza
cuando empieza a amanecer.
Dice mi pueblo que puede leer
en su mano de obrero el destino
y que no hay adivino ni rey
que le pueda marcar el camino
que va a recorrer.
En mi país, qué tibieza
cuando empieza a amanecer.

En mi país somos miles y miles
de lágrimas y de fusiles,
un puño y un canto vibrante,
una llama encendida, un gigante
que grita: ¡Adelante... adelante...!

En mi país brillará,
yo lo sé,
el sol del pueblo arderá
nuevamente, alumbrando mi tierra.

Roberto Fernández Retamar (Cuba, 1930)

Uno escribe un poema.


En el agujero del silencio

O sobre la algarabía descuidada infantil,
Encontré un árbol solo con flor rosada
Abriendo su caudal sobre la acera:
Tenía la cresta contra la mañana del cielo,
Y era como una mano, era como
Un pensamiento amigo. Lo poseí
Con tanta fuerza, que nos quedamos aún más solos
El árbol de flor rosada y mi alegría.
Pero luego pensé: triste, acaso imposible
Era este príncipe hasta que yo vine,
Y mis ojos, que atestiguan su perfección,
También le dan realidad. Y esta felicidad
Mía, a solas, quizás es también imposible,
Es como un árbol de flor sin embargo necesaria
Que se desperdicia entre silencio y ruido,
Inexistiendo tal vez, sin el ojo
Que al mirarla, alegrándose,
La haga de veras. Entonces
Uno escribe un poema.

César Vallejo (Perú, 1892, 1938)

Y si después de tantas palabras.



¡Y si después de tántas palabras,
no sobrevive la palabra!
¡Si después de las alas de los pájaros,
no sobrevive el pájaro parado!
¡Más valdría, en verdad,
que se lo coman todo y acabemos!
¡Haber nacido para vivir de nuestra muerte!
¡Levantarse del cielo hacia la tierra
por sus propios desastres
y espiar el momento de apagar con su sombra su tiniebla!
¡Más valdría, francamente,
que se lo coman todo y qué más da…!
¡Y si después de tanta historia, sucumbimos,
no ya de eternidad,
sino de esas cosas sencillas, como estar
en la casa o ponerse a cavilar!
¡Y si luego encontramos,
de buenas a primeras, que vivimos,
a juzgar por la altura de los astros,
por el peine y las manchas del pañuelo!
¡Más valdría, en verdad,
que se lo coman todo, desde luego!
Se dirá que tenemos
en uno de los ojos mucha pena
y también en el otro, mucha pena
y en los dos, cuando miran, mucha pena…
Entonces… ¡Claro!… Entonces… ¡ni palabra!


Roque Dalton (El Salvador, 1935 - 1975)

Desnuda.


Amo tu desnudez

porque desnuda me bebes con los poros 
como hace el agua cuando entre sus paredes 
me sumerjo.



Tu desnudez derriba con su calor los límites,
me abre todas las puertas para que te adivine, 
me toma de la mano como un niño perdido 
que en ti dejara quietas su edad y sus 
preguntas.

Tu piel dulce y salobre que respiro y que sorbo 

pasa a ser mi universo, el credo que me nutre, 
la aromática lámpara que alzo estando ciego 
cuando junto a las sombras los deseos me 
ladran.



Cuando te me desnudas con los ojos cerrados 
cabes en una copa vecina de mi lengua, 
cabes entre mis manos como el pan necesario,
cabes bajo mi cuerpo más cabal que su sombra.

El día en que te mueras te enterraré desnuda 

para que limpio sea tu reparto en la tierra, 
para poder besarte la piel en los caminos, 
trenzarte en cada río los cabellos dispersos.

El día en que te mueras te enterraré desnuda 

como cuando naciste de nuevo entre mis 
piernas.

Joaquín Sabina (España, 1949).

Negra noche.


La noche que yo amo es turbia como tus ojos

larga como el silencio, amarga como el mar.
La noche que yo amo crece entre los despojos
que al puerto del fracaso arroja la ciudad.



La noche que yo amo tiene dos mil esquinas,
con mujeres que dicen: "¿me das fuego chaval?"
y padres de familia que abren sus gabardinas...
la noche que yo amo no amanece jamás.

Negra noche, no me trates así,

negra noche, espero tanto de tí.
Noche maquillada, 

como una maniquí,

noche perfumada 
con pachulí.



La noche que yo amo es un sótano oscuro
donde van los marinos que quieren naufragar.
Hay siempre algún borracho sujetando algún muro,
llamas de madrugada... y te dejan entrar.

Los profetas urbanos salen de sus guaridas

cuando la noche calza sus botas de metal,
y bailan agarrados el loco y el suicida...
la noche que yo amo no amanece jamás.

Negra noche, no me trates así,

negra noche, espero tanto de tí.
Noche maquillada, 

como una maniquí,

noche perfumada 
con pachulí.

Olga Orozco (Argentina, 1920 - 1999)

Lo que fue; lo que no ha sido.


Hay en lo más secreto de ti, sin que a veces lo sepas,

un desván en tinieblas donde sólo se cruzan las lluvias y los vientos,
donde un vaho letárgico empaña los espejos de los días
y duermen en los rincones los ropajes de lo nunca alcanzado y lo perdido.
Pero no es un lugar donde puedas entrar
como si te asomaras a un refugio de arena que un soplo desmorona,
porque no es un depósito violado por las rapiñas del olvido,
ni un sueño de la muerte,
sino sólo el letargo de la llaga y del hambre agazapados.
A veces basta un soplo,
precisamente un soplo que vuelve con un rumor, con un perfume,
o que anuncia el desvelo de la hierba en un jardín remoto,
y de repente se sobresalta el tiempo, se despereza el mundo,
y todo ese sopor desaparece como un velo arrasado por una llamarada.
En cada imagen que guardó el deseo,
entre los cielos siempre inabordables y aquellos asombrosos paraísos cumplidos,
se multiplica en un instante el sol, se estremece la luz,
se astillan en tus ojos los colores.
Insoportables los destellos del oro, insufrible la sed de la distancia,
escasa la medida de tus pasos detrás del horizonte fugitivo.
No llegarás jamás.
No hay lugar para tu alma dentro de los secretos rincones que te habitan.
No alcanzar& ‘tu mano lo que fue;
tal vez tampoco lo que nunca ha sido.
Pero ¿acaso no son esas moradas imposibles tus verdaderas propiedades,
ganadas palmo a palmo para los territorios de los eternos bienes?
¿No son como la inmóvil, inalterada cara de la misma moneda
que lleva en el reverso el precio que pagaste:
la confusa, la incierta, la cambiante, la sorpresiva cifra del presente?

Silvina Ocampo (Argentina, 1903 - 1993)

Espera.

Ese temor, ese esperar el día
en que llega una carta, prometía
la noche desvelada en un abrazo,
la soledad, luego el temor acaso
que hizo tramar suicidios, otras muertes,
para de algo poder agradecerte...
pero el bosque existía con sus flores:
me perdí en él como en otros amores.
Eran flores abiertas sin fragancia.
¡Ah, que lejos estaba de la infancia!

Carilda Oliver Labra (Cuba, 1924)

Una mujer escribe este poema.


Una mujer escribe este poema

donde puede
a cualquier hora de un día que no importa
en el siglo de la avitaminosis
y la cosmonáutica
tristeza deseo no sabe qué
esperando la bayoneta o el obús
una mujer escribe este poema
sin atributos
a desvergüenza y dentellada
fogosa inalterable arrepentida pudriéndose
caemos por turno frente a las estrellas
todos tenemos que morir
no hay nada más ilustre que la sangre
una mujer escribe este poema
qué estúpida la línea que divide sol de sombra
el crepúsculo pasa
acumulándose al final de las azoteas
supimos de pronto de una trombosis coronaria
existes soledad
sonó una bomba
vean si se han roto los lentes de contacto
una mujer escribe este poema
separa quince pesos para el alquiler
mi amigo viejo
se desprende del mediodía por la próstata
bailamos
sigue la preparación combativa
no pasarán
una mujer escribe este poema
como quien ha perdido el tiempo para siempre
creo en el corazón de Denise Darval
hemos ganado porque morimos muchas veces
parece que tengo un derrame de sinovia
no hay tiempo para la poesía
de veras que los frijoles se han demorado en hervir
te juro que mañana presentaré el divorcio
una mujer escribe este poema
cómo hay fantasmas a las siete en mi pecho
entablillé una rama a la areca que está triste
mamá tú no sabes la falta que me haces
si suena la alarma aérea
recojan a los niños que duermen en la cuna
voy a guardar este retrato del Ché
como calló el canario traje un tenor a casa
una mujer escribe este poema
cargada de ultimátum
de pólvora
de rimel
verde contemporánea lela
entre el uranio
y
el cobalto
trébol de la esperanza
convaleciente de amor
tramposa hasta el éxtasis
tonta como balada
neurótica
metiendo sueños en una alcancía
ninfa del trauma
novia de los cuchillos
jugando a no perder la luz en el último tute
una mujer escribe este poema.


Alejandra Pizarnik (Argentina, 1936 - 1972)

Los de lo Oculto.

Para que las palabras no basten es preciso alguna
muerte en el corazón.

La luz del lenguaje me cubre como una música,
imagen mordida por los perros del desconsuelo, y
el invierno sube por mí como la enamorada  del
muro.

Cuando espero dejar de esperar, sucede tu caída
dentro de mí. Ya no soy más que un adentro.

J. R. R. Tolkien (Sudáfrica, 1892 - 1973)

Gato.

El gato barrigudo en el felpudo
cuando soñando
parece estar con marrones ratones
o quesos blandos, 
de rugientes parientes
quizás vaya detrás
en pensamiento,
resuelto, esbelto, desenvuelto
sin sometimiento;
o se deje llevar, en su soñar
hacia profundas cuevas en Oriente
y allí de tiernos hombres se alimente.
El inmenso león sin compasión
de férreas garras, 
hirientes dientes
en feroces fauces;
el gallardo leopardo
de ligera carrera
que en sigilosa espera
se encumbra en la penumbra
y cae sobre su presa con destreza...
lejos se fueron
libres y fieros,
y a él lo domesticaron, pero
aun en su mullida vida
de mascota vencida
el gato barrigudo no se olvida.

(Traducido por Laura Wittner)

Rafael Guillén (España, 1933)

Un hombre va caminando
sobre sus pasos. Va ocupando sucesivos
huecos y los va dejando
vacíos tras de sí; pero quedan
signados ya con su presencia. Va marcando
su territorio, que es mudable y se desplaza
con su dueño; pero permanecen
las huellas, viejos linderos
de unos predios que ya nadie
poseerá.
Y así va configurando 
un espacio que es sólo suyo y que se extiende
a todo lo que alcanza
su trayectoria, pero que, en cada momento
de su existencia, no tiene
otra dimensión que la que delimita
su pisada.

Circe Maia (Uruguay, 1932).

Hay días.

Hay días en que andamos como heridos
ya desangrándonos
pero nada es visible; uno a uno
se realizan los ritos cotidianos:

se trabaja, se habla
se escucha, se responde
-Sí, no, tal vez. Se dice.
Se pregunta también y la mirada
responde y las palabras
responden... Los circuitos
estímulo-respuesta no han dejado
de funcionar. Funcionan. Pero hay algo
en estos días, roto, no responde.

Un hueco frío, un taco
silencioso atraviesa silencioso.
Una piedra pesada silenciosa
cae pesadamente
cae.

Juana de Ibarborou (Uruguay, 1892 - 1979)

Laceria.

No codicies mi boca. Mi boca es de ceniza
Y es un hueco sonido de campanas mi risa.

No me oprimas las manos. Son de polvo mis manos,
Y al estrecharlas tocas comida de gusanos.

No trences mis cabellos. Mis cabellos son de tierra
Con la que han de cubrirse las plantas de la sierra.

No acaricies mis senos. Son de greda, los senos
Que te empeñas en ver como lirios morenos.

¿Y aún me quieres, amado? ¿Y aún mi cuerpo pretendes
Y, largas de deseo, las manos a mí tiendes?

¿Aún codicias, amado, la carne mentirosa
Que es ceniza y se cubre de apariencias de rosa?

Bien, tómame. ¡Oh, laceria!
¡Polvo que busca al polvo sin sentir su miseria!

Ida Vitale (Uruguay, 1923)

Penitencia.


¿Mirar atrás será pasar

a ser de sal precaria estatua,
un perecer petrificado
preso en sí mismo, parte
del roto encanto de un paisaje
cuya música no logro más oír?

¿Debo matar lo que miré,
el mito que minuciosa
pliego y despliego,
grava para mi paso solo?
¿ Ciega borrar lugares,
playas, vientos, el tiempo?

Sobre todas las cosas,
anular horas que se han vuelto inútiles
como lluvia que cae
sobre el mar implacable,
como mis propios pasos
si no son penitencia.


Idea Vilariño (Uruguay, 1920 - 2009).

Cuando compre un espejo.


Cuando compre un espejo para el baño

voy a verme la cara
voy a verme
pues qué otra manera hay decíme
qué otra manera de saber quién soy.
Cada vez que desprenda la cabeza
del fárrago de libros y de hojas
y que la lleve hueca atiborrada
y la deje en reposo allí un momento
la miraré a los ojos con un poco
de ansiedad de curiosidad de miedo
o sólo con cansancio con hastío
con la vieja amistad correspondiente
o atenta y seriamente mirarme
como esa extraña vez-mis once años-
y me diré mirá ahí estás
seguro
pensaré no me gusta o pensaré
que esa cara fue la única posible
y me diré esa soy yo ésa es idea
y le sonreiré dándome ánimos.

Mario Benedetti (Uruguay, 1920 - 2009)


A la izquierda del roble.



No sé si alguna vez les ha pasado a ustedes
pero el Jardín Botánico es un parque dormido
en el que uno puede sentirse árbol o prójimo
siempre y cuando se cumpla un requisito previo.
Que la ciudad exista tranquilamente lejos.

El secreto es apoyarse digamos en un tronco
y oír a través del aire que admite ruidos muertos
cómo en Millán y Reyes galopan los tranvías.

No sé si alguna vez les ha pasado a ustedes
pero el Jardín Botánico siempre ha tenido
una agradable propensión a los sueños
a que los insectos suban por las piernas
y la melancolía baje por los brazos
hasta que uno cierra los puños y la atrapa.

Después de todo el secreto es mirar hacia arriba
y ver cómo las nubes se disputan las copas
y ver cómo los nidos se disputan los pájaros.

No sé si alguna vez les ha pasado a ustedes
ah pero las parejas que huyen al Botánico
ya desciendan de un taxi o bajen de una nube
hablan por lo común de temas importantes
y se miran fan ticamente a los ojos
como si el amor fuera un brevísimo túnel
y ellos se contemplaran por dentro de ese amor.

Aquellos dos por ejemplo a la izquierda del roble
(también podría llamarlo almendro o araucaria
gracias a mis lagunas sobre Pan y Linneo)
hablan y por lo visto las palabras
se quedan conmovidas a mirarlos
ya que a mí no me llegan ni siquiera los ecos.

No sé si alguna vez les ha pasado a ustedes
pero es lindísimo imaginar qué dicen
sobre todo si él muerde una ramita
y ella deja un zapato sobre el césped
sobre todo si él tiene los huesos tristes
y ella quiere sonreír pero no puede.

Para mí que el muchacho está diciendo
lo que se dice a veces en el Jardín Botánico

ayer llegó el otoño
el sol de otoño
y me sentí feliz
como hace mucho
qué linda estás
te quiero
en mi sueño
de noche
se escuchan las bocinas
el viento sobre el mar
y sin embargo aquello
también es el silencio
mírame así
te quiero
yo trabajo con ganas
hago números
fichas
discuto con cretinos
me distraigo y blasfemo
dame tu mano
ahora
ya lo sabés
te quiero
pienso a veces en Dios
bueno no tantas veces
no me gusta robar
su tiempo
y además está lejos
vos estás a mi lado
ahora mismo estoy triste
estoy triste y te quiero
ya pasarán las horas
la calle como un río
los árboles que ayudan
el cielo
los amigos
y qué suerte
te quiero
hace mucho era niño
hace mucho y qué importa
el azar era simple
como entrar en tus ojos
dejame entrar
te quiero
menos mal que te quiero.

No sé si alguna vez les ha pasado a ustedes
pero puedo ocurrir que de pronto uno advierta
que en realidad se trata de algo más desolado
uno de esos amores de tántalo y azar
que Dios no admite porque tiene celos.

Fíjense que él acusa con ternura
y ella se apoya contra la corteza
fíjense que él va tildando recuerdos
y ella se consterna misteriosamente.

Para mí que el muchacho está diciendo
lo que se dice a veces en el Jardín Botánico

vos lo dijiste
nuestro amor
fue desde siempre un niño muerto
sólo de a ratos parecía
que iba a vivir
que iba a vencernos
pero los dos fuimos tan fuertes
que lo dejamos sin su sangre
sin su futuro
sin su cielo
un niño muerto
sólo eso
maravilloso y condenado
quizá tuviera una sonrisa
como la tuya
dulce y honda
quizá tuviera un alma triste
como mi alma
poca cosa
quizá aprendiera con el tiempo
a desplegarse
a usar el mundo
pero los niños que así vienen
muertos de amor
muertos de miedo
tienen tan grande el corazón
que se destruyen sin saberlo
vos lo dijiste
nuestro amor
fue desde siempre un niño muerto
y qué verdad dura y sin sombra
qué verdad fácil y qué pena
yo imaginaba que era un niño
y era tan sólo un niño muerto
ahora qué queda
sólo queda
medir la fe y que recordemos
lo que pudimos haber sido
para él
que no pudo ser nuestro
qué más
acaso cuando llegue
un veintitrés de abril y abismo
vos donde estés
llevale flores
que yo también iré contigo.

No sé si alguna vez les ha pasado a ustedes
pero el Jardín Botánico es un parque dormido
que sólo despierta con la lluvia.

Ahora la última nube a resuelto quedarse
y nos está mojando como alegres mendigos.

El secreto está en correr con precauciones
a fin de no matar ningún escarabajo
y no pisar los hongos que aprovechan
para nadar desesperadamente.

Sin prevenciones me doy vuelta y siguen
aquellos dos a la izquierda del roble
eternos y escondidos en la lluvia
diciéndose quién sabe qué silencios.

No sé si alguna vez les ha pasado a ustedes
pero cuando la lluvia cae sobre el Botánico
aquí se quedan sólo los fantasmas.

Ustedes pueden irse.
Yo me quedo.



Fuentes:


Selección hecha por mí de mis siguientes libros:

En lo más implacable de la noche, Idea Vilariño (Colihue, 2003).
Las edades del frío, Rafael Guillén (Tusquets, 2002).
Poesía siempre, Varios Autores (Troquel, 1998)
Rapsodia de Juana de Ibarborou. Antología, por Jorge Arbeleche y Andrés Echevarría (Rumbo, 2009)
Obra poética, Circe Maia (Rebeca Linke Editoras, 2007)
Poesía completa (volúmen II), Silvina Ocampo (Emecé, 2003)
Calle melancolía y otras canciones, Joaquín Sabina (Espasa Calpe, 1995)
El libro de los gatos, Varios Autores (Bajolaluna, 2008).
Antología poética, Carilda Oliver Labra (Visor, 1997)
Masa y otros poemas, Cesar Vallejo (Espasa Calpe, 1995)
Adagio en mi país y otras canciones, Alfredo Zitarrosa (Espasa Calpe, 1995)
Cosas del corazón y otros poemas, Roberto Fernández Retamar (Espasa Calpe, 1995)
Atado al mar y otros poemas, Roque Dalton (Espasa Calpe, 1995)
Últimos poemas, Olga Orozco (Bruguera, 2009)

2 leyeron conmigo:

Bichicome dijo...

excelente seleccion estimada.

CamiLand dijo...

muy buena esta entrada!
y concuerso totalemnte diciendo que es un excelente selecion estimada!

suerte!

un apartado- sii sii maga me estoy pasando por todos los blogs en los uqe paarticipas- :)