jueves, 11 de noviembre de 2010

De "El País", España: "La crisis llena de libros los almacenes".






Ha llegado tarde, pero quizá por eso mismo el batacazo ha sido más contundente. Hasta agosto, el sector editorial no había notado seriamente los estragos de la crisis. Editores, libreros, distribuidores y autores capeaban el temporal sin grandes bajones de ventas, aunque con los dedos cruzados. Pero al fin llegó el verano de su descontento y las editoriales empezaron a recibir en sus almacenes la devolución masiva de ejemplares no vendidos en librerías. En un volumen que fuentes del sector no dudan de calificar de "histórico".

Las cifras son tozudas. Las tiendas fueron las primeras en detectar el bajón (los síntomas más tempranos ya los sintieron los libreros hace un año). Las ventas han caído un 10% (de 945 millones facturados en 2009 a 845 en el mismo periodo de 2010).

El revés económico tiene relación directa con la cifra de las devoluciones, un inmejorable síntoma de lo que le sucede a un enfermo, el sector del libro, nada imaginario. Las editoriales dejan los ejemplares en depósito. Estos descansan tres meses en las mesas o estanterías. Y si no se les da salida, se devuelven. Los libreros cuentan con márgenes tan estrechos (de un 30% en el caso de los establecimientos tradicionales) que arriesgan poco. Cuando vence el plazo del depósito, los comerciantes acaban comprando, si lo consideran buena idea, unos ejemplares para dejar definitivamente en su fondo. Pero este verano nadie ha querido jugársela más de la cuenta y se ha producido una devolución masiva.

Aunque nadie lo ha medido, lo cierto es que la respuesta de los libreros ha sido "en gran parte psicológica", dicen los editores. Se impone la reorganización del almacén. ¿La razón? Un claro bajón en las ventas que oscila entre un 7% y un 34% para algunas editoriales, según fuentes del sector y el medidor del mercado utilizado por la mayoría, el Nielsen. Hay excepciones, como en todo, pero no son ninguno de los tres grandes grupos editoriales -Planeta, Santillana y Random House-. Las alarmas, no cuesta imaginarlo, se han encendido.

A las caídas de ingresos de editoriales y librerías, se suma la pertinaz piratería, que, lenta pero segura, hace mella en el sector del libro, como lo demuestran las cifras del segundoObservatorio de piratería y hábitos de consumo de contenidos digitales, elaborado por la consultora estadounidense IDC a instancias de la Coalición de Creadores de Industrias y Contenidos. Los datos hablan de descargas "ilegales" de contenidos que han hecho perder al sector 400 millones de euros (el doble que el año anterior).

"Hasta ahora, el mercado se había comportado de manera plana", afirma Armando Collazos, del Grupo Santillana. Algunos fenómenos editoriales habían salvado las cuentas. Muchos decían que el libro era un producto refugio para el ocio y que los estragos de Internet en otros sectores no afectaban dramáticamente al sector. Además, los lectores devoraban fenómenos como el Millenium (Destino) de Stieg Larsson o Crepúsculo(Alfaguara), de Stephenie Meyer.

Este año no se ha producido ningún milagro de ventas. Salvo por El tiempo entre costuras (Planeta), de María Dueñas, publicado por Temas de Hoy (Planeta). Un gran mérito editorial para una autora desconocida, pero que no llega a las cifras millonarias de los dos anteriores. Eso también ha enfriado el mercado, según el diagnóstico de Collazos o Nuria Cabutí, consejera delegada de Random House Mondadori. El vuelo remontará a buen seguro en el último tramo del año con lo nuevo del Nobel Vargas Llosa (Alfaguara), Almudena Grandes (Tusquets) y Ken Follett (Plaza y Janés). Pero el annus horribilispara el gremio parece sellado.

Es posible que la rebaja del precio medio de los libros -un euro en un año- también anime un poco el sector con vistas a la Navidad. Aunque hay hábitos que la crisis quizá haya cambiado para siempre: los lectores abandonan las librerías tradicionales (las ventas han decrecido un 16%) para comprar en las cadenas de supermercados (han aumentado sus ventas un 1%) y, en menor medida, en las grandes cadenas de ocio y libro (tipo Fnac), cuyas ventas solo han caído un 3%.

Ignacio Toldado, encargado de compras de la cadena francesa, cree que hay razones para la preocupación -"Los editores tienen motivos para estar inquietos"-, aunque ve cierta lógica en todo esto -"Existía un desequilibrio enorme entre lo que se produce y lo que se vende. Es normal que el mercado haya ajustado las cosas"-. Sea como sea, la norma que dice que el eslabón más débil se lleva la peor parte se cumple aquí también: "La tónica es de caída sobre caída. Desde 2008 hemos sufrido un 20%. Pero este año ha afectado psicológicamente más que nunca, aunque la moral del librero es de resistencia, la crisis ha calado", admite Fernando Valverde, presidente de la Cegal, la asociación que representa al sector comerciante.

A la hora de buscar consuelo, esta novela tampoco tiene un final feliz. Cuando la tormenta financiera comenzó a arreciar, el libro de bolsillo parecía un buen salvavidas. Pero no se contaba entonces con la difícil relación del lector español con el pequeño formato. Un medio cuyo mensaje nunca llegó a cuajar, a diferencia de los países anglosajones, Alemania o Francia.

Ni siquiera la necesidad de apretarse el cinturón lo ha hecho remontar ahora, para sorpresa del sector. El mercado de bolsillo ha caído un 7%, aseguran editores y libreros. "Creíamos seriamente que el bolsillo sería un refugio para la crisis, pero no ha sido así y nos ha sorprendido. Ahí vemos claramente que hay una crisis", asegura Nuria Cabutí, de la editorial Random House.


Escrito por Jesús Ruíz Mantilla.

Fuente: Diario El País (España), edición del 10 de noviembre de 2010.