martes, 1 de junio de 2010

Poesía de Osiris Rodríguez Castillos.




El Malevo.


Yo siempre quise tener
un perro como la gente
al fin el tiempo y la esperanza
me dieron uno,
pero bien mirao
es hombre de pocas pulgas.
Yo no trancaba la puerta de mi rancho
ni durmiendo.....
¿Para qué?
si al lao de ajuera
por malo que juera el tiempo
arrejaba de colmillos
el coraje de mi perro
cimarron, medio atigrado
lo halle perdido en las sierras
temblando de agusanao
malo como manga é piedra
tuve que echarlo enlazao
para curarle las bicheras
y ahí se quedo aquerenciao.
 
Compañero de horas lerdas
trotando bajo el estribo
ni calculaba las leguas
y donde aflojaba cincha, mire...
se echaba a cuidar mis priendas.
Eso si,...... muy delicao
manosearlo ni le cuento
se ponía de ojo extraviao
y se le erizaba el pelo
con que tenia bien ganao
su apelativo....... ”El Malevo”.
Que animal capacitao
pal trabajo en campo abierto
había que verlo al Malevo
trajinando en un rodeo
¿yo echar tropilla al corral??
Le silbaba entre los dedos
Y embretao en el silbido
Me los traía sobre el viento
Y era un abrojo prendido
A los garrones del trueno 
De ser cristiano...
clavao que era doctor ese perro.
Una vez bandeando tropa
con mucho agua en el Río Negro
caí quebrao de un apretón
entre un remolino é cuernos
y me gano la mollera
la oscuridad y el silencio
cuando volví a abrir los ojos
cruzaba una nube el cielo
gemidos y lambetazos
llegaban como de lejos
redepente comprendí
medio me senté en el suelo
para entregarle las gracias

“hermano de ésta te quedo debiendo”
no me hace a mi el pan bendito
si no me sacas “Malevo”
y una inmensa gratitud
se me gano en el garguero.
Bueno, la cosa pasó
yo dentre pa´l casamiento
hice el horno, la cocina..
mi rancho estiró un alero
y en su chucara crinera
charqueó el arroró y el beso
A los dos años
gateaba mi gurí sobre un peleo
o andaba por el guardapatio
prendido a la cruz del perro
porque él me le sacó
las cosquillas al Malevo
lo habrá tomao por cachorro
é su cría el pendenciero
le soportaba imprudencias
se priestaba pa´ sus juegos
y ande amenazaba caerse
se le echaba bajo el cuerpo.
La cosa fue tan de golpe
que hasta me parece cuento
fue después de un mediodía
como pa´ fines de enero
yo me había echao en el catre
pa´ descabezar un sueño
mi patrona trajinaba
proceando con el borrego
y redepente aquel grito
como de terror ¡ROSENDOOO!
Y ya me pele pal patio
manotiando el caronero.
Ella estaba contra el horno
tartamudeando en silencio.
Tenía el guricito alzao
aprietao entre su pecho,
y avanzando agazapao
como una fiera... mi perro.

Asomaba unos colmillos como puñales
los pelos se le habían parao de un modo
que costaba conocerlo
y en la brasa de sus ojos
se habían quemao los recuerdos
de un salto me le puse en frente
le pegue el grito ¡MALEVO!
Le vi saltar una baba
Esta rabioso ROSENDO!
No te me acerques hermano
Echa pa tras... echa pa tras
¡ Fuera perro !!!
Redepente me saltó
ladié pa´ un costao el cuerpo
y senti como la daga
le topaba contra el pecho
y cayó casi sin ruido
como una jerga en el suelo
se arrastró .... lamió mis pies
movió la cola una vez, dos veces ....
y quedó muerto.
No tenía pa´ elegir
hermano tabas enfermo
fue por el cachorro sabes ?
que no, no lo hubiera hecho !!


Por eso es que desde entonces
no me gusta tener perro
y cuando voy de a caballo
me parece que lo veo
seguir abajo el estribo
trote y trote por el tiempo.

Como yo lo siento.

No venga a tasarme el campo
con ojos de forastero,
porque no es como aparenta,
sino como yo lo siento.

Yo soy cardo de estos llanos,
totoral de esos esteros,
apinda de aquellos montes,
piedra mora de mis cerros
y no va a creer si le digo,
que hace poco lo comprendo.

Debajo d'este arbolito
suelo amarguiar en silencio
si habré lavao cebaduras
pa' intimar y conocerlo.

No da leña ni pa' un frío,
no da flor ni pa' remedio,
y es un pañuelo de luto
la sombra en que me guarezco,
no tiene un pájaro amigo,
pero pa' mí es compañero.

Pa' que mentar, velay,
velay si se esta cayendo,
la han regoriado los agostos
de una ponchada de inviernos.

La vi quedarse vacía,
la vi poblarse 'e recuerdos,
solo por no abandonarme
le hace pat'ancha a los vientos,
y con goteras de luna
viene a estrellar mis recuerdos.

Mi campo conserva cosas
guardadas en su silencio,
que yo gané campo afuera,
que yo perdí tiempo adentro.

No venga a tasarme el campo
con ojos de forastero,
porque no es como aparenta,
sino como yo lo siento.
Su cinto no tiene plata
Ni pa' pagar mis recuerdos.

Sobre el autor.




Osiris Rodríguez Castillos nació en Montevideo el 21 de julio de 1925. Fue poeta, escritor, compositor, instrumentista, cantante e investigador. 
Su obra irradió su influencia fuera de las fronteras del Uruguay, integrando el repertorio de destacados artistas internacionales, siendo interpretado, entre otros, por Orlando Vera Cruz, Eduardo Falú, Jorge Cafrune, Carlos Di Fulvio y José Larralde, quienes grabaron versiones de algunas de sus canciones, así como muchos intérpretes uruguayos, entre ellos Amalia de la Vega, Santiago Chalar y Alfredo Zitarrosa. Asimismo, Mercedes Sosa y Joan Manuel Serrar interpretaron ocasionalmente algunas de ellas, pero sin registrarlas en ninguna obra discográfica.
Osiris fue un hombre intenso en todas las áreas de su vida. Se casó en primeras nupcias con Imasul Botello, con quien en 1948 tuvo su primer hijo, Federico. Compartió casi diez años con Margot Dipuy, de quien poco se sabe excepto que le regaló su primera máquina de escribir y que era algunos años mayor que él. En 1965 contrajo matrimonio con Zulma Di Pólito, catorce años menor que él y con quien tuvo una hija, Pilar. En 1981, en Madrid, inició una relación con Consuelo Vázquez de Parga, con quien compartió todos los años de su exilio, hasta la muerte de ella en 1993.
Osiris Rodríguez Castillos falleció el 10 de octubre de 1996 en su ciudad natal.



2 leyeron conmigo:

Anónimo dijo...

Yo no trancaba la puerta de mi rancho, ni cojiendo;
Pa' qué, si del lao de ajuera, por malo que juese el tiempo,
la enrejaba de condones
el cojudo de mi perro.-
Cimarrón, medio atigrao,
lo hallé perdido en la sierra, boquiando, de agusanao.-
¡Malo! como guiso e' mierda;
tuve que trairlo enlazado, pa' curarlo de la verga.-
El, se quedó aquerenciao, compañero de horas lerdas;
trotiando bajo el estribo,
ni calculaba las leguas;
él, me cuidaba las pilchas
mientras yo cojía la yegua.-
Eso sí: muy delicao...
manosearlo, ni le cuento;
se le paraba la pija de un modo, que costaba conocerlo;
con que bien ganao tenía su apelativo: “El Quevedo”.-
¡ Qué animal capacitao pa' cagar en contra' el viento ¡
cagaba cada sorete, que los clavaba en el suelo;
Una vez, baldeando mierda, con lucha, de un pozo negro,
caí de pronto, apretao, como arrastrao por el perro;
y me ganó la moyera, la oscuridad y el silencio.-
Cuando volví a abrir los ojos,
cruzaba un sorete negro...
quejidos y lambetazos, llegaban como de lejos,
jué entonces que comprendí...
medio me senté en elñ suelo, pa' darle :” gracias, hermano”...
no me halla ni el pan bendito, si no me salvás, Quevedo...
y en pago de gratirud, le lambí el culo y los huevos.-
Bueno... la cosa pasó...
yo dentré p'al casamiento;
hice el horno, la cocina, mi rancho estiró un alero,
y en la chúcara chimenea, chasqueó el arrorró y el rezo.-
A los dos años gateaba, mi gurís, sobre un pelego;
andaba po' el guardapatio, prendido e' la verga 'el perro.-
¡ Ah ¡ porque él me le sacó las ladillas al Quevedo.-
Lo había tomado por cachorro e' su cría, el pendenciero;
le soportaba imprudencias, se prestaba pa' sus juegos...
y ande amenazaba a caerse, se le prendía de los huevos.-
La cosa jué tan de golpe, que hasta hoy me parece un sueño:
jué dispués del mediodía, como pa' fines de enero;
yo me heché a hacerme una paja, pa' deshincharme los huevos,
cuando oí de pronto aquél grito, como de terror:¡ Quevedooooooo ¡
y ya me pelé p'al patio, pisoteándome los huevos...
me paré en frente y le dije: “¡ me estás guampeando, Quevedo!”;
mi mujer estaba en veintiunas... y serruchando... mi perro.-
Lo ví soltar una baba...
-“está acabando, Rosendo”...
-¡ No te me acerqués hermano ¡ ¡ hechá pa' atrás, juera perro ¡.-
De repente se soltó,
ladié pa' un costao el cuerpo;
sentí como que la mano lo topaba contra el pecho,
y cayó...cuasi sin ruido...como un sorete en el suelo.-
Jué...jué por el culo ¿sabés? de nó, no lo hubiera hecho.-
Cuando lo miré, el culo se le habúa puesto muy negro.-
Como dándome las gracias, se había largao cuatro pedos
y en el negro de su ojete se habían quemao los pendejos.-
Se arrastró, lamió mis bolas...y me brotó un cosquilleo;
meneó la verga una vez...dos veces...y ahí nomás, cagó p'al perro.-
Por eso que desde entonces, no me gusta tener perro...
y cuando voy a caballo, me parece que lo veo:
él, teniéndome la yegua, mientras yo me la culeo.-

La Maga de Lioncourt dijo...

Conozco el mamarracho ese que hicieron de un gran poema.
No deja de sorprenderme que cada vez que tenemos algo escepcionalmente hermoso ante nosotros, que conmueve, sin dudas, hasta al más desapasionado de los seres humanos, alguien tenga la necesidad de ensuciarlo de ésta manera, de burlarse de un gran poeta y, sobretodo (pero no menos increíble) pisotear un sentimiento y un recuerdo, que el mismísimo Osiris admitió haber experimentado antes de escribir "El Malevo".

Es indignante además, que haya payadors capaces de ponerle voz a "eso" y después puedan llenarse la boca hablando del amor al campo, a la naturaleza y a la poesía folclórica.