jueves, 23 de junio de 2011

Contigo aprendí, de Silvia Grijalba: Premio Novela Fernando Lara 2011.


Equivocarse es a veces el mejor camino para aprender a ser fiel a uno mismo.

Contigo aprendíes la historia de una mujer decidida, capaz de abandonarlo todo por amor y salir adelante por sí misma en una época de grandes cambios y contrastes, los años 30, y en unos marcos tan excepcionales como España, Cuba y Nueva York.
Una historia de amores cruzados, de pasiones incontrolables y de engaños, cuya protagonista es María Luisa Álvarez. Una mujer adelantada a su tiempo, que ha dejado un gran legado para la memoria. Hoy, su nieta, Silvia Grijalba, regala esta historia al lector.


Sobre la autora:

Silvia Grijalba nació en Madrid en 1967. Es novelista, periodista y autora de letras de canciones. Publicó su primera novela, Alivio Rápido, en 2001, le siguió Atrapada en el Limbo, en 2005. Ha sido redactora de la sección de cultura, columnista y reportera en el diario El Mundo desde la fundación del periódico, en el que actualmente sigue colaborando.

También ha publicado los ensayos Dios Salve a la Movida y Palabra de Rock y una biografía sobre Depeche Mode. Sus obras se han traducido al italiano y al alemán.

Ha colaborado en revistas como Rolling Stone, Vogue, Marie Claire, el periódico The Guardian, Glamour y Yo Dona y en programas de radio y televisión como Las Noches Blancas, Dragolandia y D Calle.

Dirige el festival de spoken word Palabra y Música y el ciclo anual Poesía del Rock.

Su novela Atrapada en el Limbo está en fase de preproducción, con quien trabaja el guión junto al director y guionista Manuel Martín Cuenca.
La novela

Equivocarse es a veces el mejor camino
para aprender a ser fiel a uno mismo


María Luisa Álvarez Bohem ve cambiar toda su vida el mes de marzo de 1930. Acaba de terminar de forma muy dolorosa su relación secreta con Fernando Aguirre, el joven Conde de Montemar, venido a menos y que, a instancias de sus hermanas, la abandona para contraer matrimonio con Marta Gómez de Gaspar, una acaudalada heredera de la alta sociedad. La importante familia de María Luisa, por su parte, se encuentra en la ruina tras el crack del 29, después de haber invertido sus ahorros en Bolsa a instancias de Radis, su madre. Ésta verá en un matrimonio provechoso de su hija la salida más rápida a su acuciante situación cuando le hablan de José Rodríguez, un rico indiano que ha hecho fortuna en La Habana y que acaba de regresar a Asturias con el único propósito de casarse.

José no ha llegado, sin embargo, sin ambiciones. Su espectacular entrada en Malleza con un flamante Hispano-suiza y su mejor traje tiene como propósito encontrar a la mujer más bella de la zona. Así se lo hace saber a Don Sabino, médico de la localidad, que transmitirá a Radis que considera a José una gran oportunidad para María Luisa, que quizá vería en su partida a Cuba una salida honrosa y una liberación al dolor que le ha causado su separación de Fernando Aguirre. A pesar de lo precipitado de la proposición de José, los Álvarez Bohem consienten en casar a su hija al constatar que el indiano se ha enamorado de ella. Saben, por supuesto, que María Luisa no lo ama, pero José, siempre bien dispuesto y luchador, confía en conseguir que eso cambie, y los padres de la bella María Luisa sólo desean pasar página y mejorar su situación.

Por supuesto, y a pesar de que José consigue que María Luisa no se muestre muy esquiva inicialmente, tras la noche de bodas ya duermen separados. María Luisa sólo admite ante sí misma que la pasión que siente por José en privado es tanta como el desagrado que le produce su marido en público. Solo el aparente desdén de José propiciará algún acercamiento durante el viaje de vuelta a La Habana en el Mauritania, pero la llegada a su destino no hará más que complicar las cosas.

José posee una finca en Pinar del Río y una casa en el barrio de Miramar, que María Luisa espera decorar con ilusión. Pero hasta que ese momento llegue recalan en la hacienda, y allí, el clima, las incomodidades y el austero modo de vivir de José la desorientan como nunca. Su entrada en la sociedad local, sensual y escasamente pudorosa, donde su belleza es percibida como fría y distante, hace mella en su autoestima, pero comienza a adaptarse, gracias a la ayuda de los amigos de José en la isla y a la distancia que la separa de Fernando.

Pero esta condescencencia y unos inicios no más que tibios no pueden hacer que olvide a Fernando, que vuelve a escribirle, y desea verla de nuevo en Nueva York, adonde sabe que acudirá con José, tras haberse reencontrado en una fiesta. Con esta expectativa en ciernes, María Luisa disfruta con su marido, alojada en el Hotel Waldorf Astoria, de una ciudad vibrante que podrá ver brillar de la mano de Xavier Cugat y su mujer, Carmen Castillo, amigos del indiano, y donde conocerá a grandes personalidades como Fred Astaire, Roosevelt o Dorothy Parker. La siempre sofisticada María Luisa, dueña de esa belleza rubia y glacial, tan del gusto del Hollywood de entonces, encuentra su sitio y se inicia en el coleccionismo de arte oriental. Pero estas veleidades no contribuirán a hacerla más feliz sino a lanzarla en brazos de Fernando, con quien finalmente decide encontrarse. Es una cena tensa, en la que José se muestra educado pero frío y en la que María Luisa comprende que sigue queriendo a Fernando como siempre. Sin embargo, todo se precipita.

Tras volver a Cuba repentinamente debido a un incendio en la plantación que José tiene, María Luisa se da cuenta de que no ama a José, que la tibieza que la rodea no colma su deseo de felicidad y riesgo, y enferma de pena. Los hechos acabarán de precipitarse para ella cuando recibe una carta de Fernando -como siempre camuflada en la correspondencia de su amiga María Teresa-, que le reitera su amor, su convencimiento de que es posible que retomen su relación, y su compromiso de abandonar a su esposa para iniciar una vida en común.

María Luisa se verá entonces obligada a sopesar cuánto de auténtico hay en su vida. Los motivos por los que accedió a casarse con José, la temida reflexión sobre el inmenso amor que él le ha regalado y la certeza de que no puede corresponderle precipitan a una mujer ya de por sí compleja al riesgo, a la toma de decisión que no puede posponerse, a pesar del miedo terrible a causar dolor que la atenaza. Pero el camino que elige será precisamente el necesario para conocer el precio que debe pagarse por aprender a vivir de otra manera.




Cómo una mujer única dejó de ser sólo bella
para aprender a ser sólo libre

Hay historias con las que escribir grandes novelas y hay, además, historias que se hace necesario novelar. Esto lo sabía Silvia Grijalba cuando decidió esperar a que fallecieran su padre y su abuela, protagonista de este relato, para afrontar el reto que siempre supone escarbar en las raíces sobre las que hemos crecido. La sofisticación y peculiaridad de Mori, como cariñosamente era conocida María Luisa entre los suyos, marcó su infancia y su percepción de la belleza, la aventura, el riesgo y la autenticidad. Contigo aprendí es la historia de una mujer decidida, capaz de abandonarlo todo por amor y salir adelante por sí misma. Una mujer adelantada a su tiempo, apasionada, fuera de lo común, de una belleza excepcional.

El resultado es una obra construida en torno a los pilares de una novela atrayente, de todo punto: un estilo fluido y goloso en su sencillez, personajes extremos por su singularidad, un triángulo amoroso definitivo para la protagonista -que nunca supo vivirlo desde lo tangencial- y un contexto glamouroso y sensual, a caballo entre la percepción fría y contenida de la belleza innegable de María Luisa y el choque frontal que esto supuso con su contacto con lo tropical.

Con un sentido estético preciso y comedido, la presentación de María Luisa como una belleza proverbial no se ve desmerecida con la cuidada presentación que de José Rodríguez nos hace la autora, brillante en sus contradicciones y certezas, jugando con ambos al antagonismo, y sosteniendo la trama gracias a Fernando, la otra cara de la masculinidad.

Las localizaciones que esta novela nos regala elevan al cubo este triángulo amoroso, pues asimismo María Luisa decide su propio rumbo entre Cuba, Nueva York y una España que deja atrás junto con todo lo que de sí misma está en entredicho, y que deberá reconducir y reinventar si desea descubrirse desde un ángulo distinto al que todos han elegido por ella, previamente, y al que, desde luego, se ha dejado arrastrar movida por la ceguera del dolor ante el abandono y la soledad sobrevenida.

En María Luisa pueden verse todas las mujeres, aquellas tocadas por el don de la belleza y también aquellas que no, ante el alcance de las cárceles que a menudo permiten que se les construyan en torno, y que limitan la percepción que tienen de sí mismas como herencia convenida con los suyos y como ejercicio que no han hecho de reconstrucción de sí mismas. Esta novela nos presenta la verdad universal tantas veces escuchada desde otro prisma: no se puede vivir con miedo y sólo se vive por amor, pero la excelencia es aquello que soporta bien el paso del tiempo.

Ese aprendizaje personal, ese trastorno nunca banal, sino concreto y definitivo, se vive cuando se elige, y como se desea, pero María Luisa Álvarez Bohem lo vivió además a lo grande, desde la atalaya de la belleza, los viajes, el innegable atractivo de la edad dorada de alta costura (Balenciaga, Poiret, Schiaparelli…), el brillo cegador de los círculos sociales de los elegidos y la iniciación a una vida nueva con la certeza del riesgo en cada cambio, en cada paso.

Silvia Grijalba ha sabido recrear una época fascinante a través de un lenguaje muy sensual y un estilo transparente. La agarrotada y reprimida sociedad de la España de los treinta contrasta profundamente con el ambiente sofisticado, culto y glamuroso de la sociedad neoyorkina y el mundo vehemente y voluptuoso de La Habana. Son tiempos de esplendor pero también de grandes contrastes y de profundos cambios, sobre todo para las mujeres. La Ley Seca en Estados Unidos; la proclamación de la República a España; el momento en el que Nueva York comienza a desplazar a París como ciudad cultural del mundo. Una época, en definitiva, fascinante, que la autora ha sabido recrear con esmero, agilidad y pasión.

Silvia Grijalba sabía que alguien como su abuela trasciende su propia época y queda siempre en memoria de los demás como un ejemplo para los suyos y como un retrato para los que no la conocieron pero hubieran deseado hacerlo.